Cuando creímos que Vulcano podía existir fuera de ‘Star Trek’: la NASA tenía una historia mucho mejor que contar
El salto de la ficción a los datos llegó en 2018, cuando un equipo del Dharma Planet Survey reportó la posible detección de HD 26965 b. Lo que sus observaciones sugerían era una supertierra en una órbita de unos 42 días alrededor de la estrella que durante décadas había funcionado como referencia astronómica de Vulcano. La palabra importante era “posible”: los propios datos no convertían aquel objeto en un mundo confirmado, pero sí abrían una puerta lo bastante sugerente como para que la comparación con el planeta de Spock se extendiera enseguida. Por primera vez, el guiño cultural parecía tener una señal física a la que agarrarse.
Incluso los investigadores que comunicaron la posible existencia de HD 26965 b contemplaban que aquella señal pudiera tener una explicación menos novelesca: movimientos y actividad de la estrella disfrazados de planeta. Con el tiempo, otros análisis fueron empujando en esa dirección y la historia empezó a cambiar de sitio. Ya no se trataba solo de preguntar si habíamos encontrado un mundo alrededor de la estrella de Vulcano, sino de entender si los instrumentos estaban midiendo un planeta o el pulso inquieto de su propio sol.
Para entender el desenlace hay que mirar cómo se buscó ese supuesto planeta. No se vio directamente: se infirió por velocidad radial, una técnica que detecta cambios minúsculos en el espectro de una estrella cuando algo parece hacerla oscilar. El problema es que una estrella también se mueve, late y cambia por sí misma. Según el análisis con NEID, la señal atribuida a HD 26965 b no se comportaba igual en todas las longitudes de onda, algo esperable si procedía de la actividad estelar y no del tirón gravitatorio limpio de un planeta. Vulcano, en los datos, empezaba a parecer una confusión de la propia luz.
Lo que hemos visto, al final, es casi una broma perfecta del universo: el Vulcano de Spock no desapareció por un villano romulano ni por un agujero negro, sino por algo mucho más discreto y mucho más científico: mejores datos. La posibilidad era fenomenal, porque nos dejaba imaginar que una de las grandes ficciones espaciales del siglo XX había señalado, aunque fuera por casualidad, hacia un rincón real del cielo. Pero la astronomía funciona con señales que resisten revisión. Y esta, por ahora, no parece la huella de un planeta, sino el ruido de una estrella haciéndose pasar por mundo.
Imágenes | JPL-Caltech | CBS
Fuente: Artículo original