En 1979, un hombre decidió plantar árboles cada día para frenar la erosión. Hoy tiene un bosque gigantesco
El bosque de Molai. Desde entonces, Jadav “Molai” Payeng siguió acudiendo a cuidar sus árboles y plantar más. Finalmente, consiguió que agarraran. Hoy esa plantación ocupa más de 550 hectáreas, de las cuales “solo” 300 son de bambú: hay también arjunas, flamboyanes, algodoneros rojos, entre otros árboles. Para hacernos una idea de su extensión, equivale a más de cuatro veces el Retiro madrileño y 1,5 veces Central Park. Y no solo alberga flora: allí hay tigres de Bengala, rinocerontes indios, ciervos, conejos, monos y muchos tipos de aves.
Hoy este activista tiene más de 60 años, sigue viviendo en una cabaña cerca del bosque junto a su familia, sigue ganando dinero gracias a la venta de leche de su ganado y continúa ampliando la superficie forestal con el objetivo de extenderlo hacia otras zonas. Como él mismo ha declarado, plantará árboles hasta el último día de su vida.
Los elefantes fueron los chivatos. Payeng comenzó pico y pala con su labor a finales de los 70 y principios de los 80, pero no fue hasta 2008 que la administración se percató de ese nuevo bosque. Precisamente fueron esos elefantes los que lo delataron: ese año una manada de aproximadamente un centenar se adentró en él, lo que llevó a la administración a investigar la zona y “descubrir” su bosque, que posteriormente la ciencia ha estudiado. Desde entonces, los elefantes son visitantes asiduos cada año y ya han dado a luz a varias crías allí.
Un bosque artificial muy natural (y sanador). Resulta que la diversidad de plantas y su capacidad de almacenamiento de carbono son similares a las de un bosque natural de edad parecida, según concluye un estudio, que plantea que este tipo de plantación mixta puede ser una buena solución para enfrentar inundaciones y erosión. Eso sí, la amenaza de la erosión en la región sigue activa, por lo que a Payeng y, sobre todo, a la administración india aún les queda trabajo por hacer.
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