El 6G aún no ha llegado y ya hay quien hace cuentas para sacarle jugo económico: hasta 15.000 millones sobre la mesa
Grecia ya probó algo parecido. La idea tampoco parte completamente de cero. En 2020, el país destinó el 25% de los ingresos públicos obtenidos con la adjudicación de derechos de frecuencias 5G a financiar el Phaistos Fund, concebido para invertir en empresas y aplicaciones vinculadas a esa tecnología. Pierrakakis utiliza ahora aquella experiencia como referencia, pero trasladarla a toda la UE supone otro nivel de complejidad. Habría que coordinar calendarios y condiciones entre mercados nacionales, decidir qué parte de los ingresos tendría un destino común y, sobre todo, conseguir que los 27 acepten avanzar en esa dirección.
El 6G empieza antes de llegar. Aún faltan años para que estas redes formen parte de nuestra vida cotidiana, pero su impacto ya empieza a sentirse en decisiones que se toman hoy. La propuesta griega no garantiza ingresos, ni mucho menos esos 15.000 millones, pero sí introduce una posibilidad con recorrido: utilizar el valor económico del espectro para algo más que ordenar el despliegue de nuevas redes.
Imagen de portada | Zac Gudakov
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