Los mapas de la Antártida van a cambiar: acabamos de descubrir una nueva isla en una “zona de peligro” oceánica
Contexto. El Mar de Weddell es una pieza clave de la circulación oceánica global. Allí es donde se forma el Agua del fondo antártico, una de las masas de agua más densas y frías del planeta. Esta masa de agua alimenta las corrientes de fondo de todos los océanos y regula el intercambio de calor y carbono a escala planetaria, según documenta la literatura oceanográfica. Alterar su dinámica, como está ocurriendo por el retroceso de la plataforma de Hielo Larsen, sus consecuencias se propagan a miles de kilómetros.
La expedición SWOS se diseñó precisamente para cuantificar esos cambios y de momento lo que han descubierto es cuantísimo varía el grosor del hielo: hasta cuatro metros en la plataforma continental occidental, donde las mareas comprimen y deforman el hielo y apenas metro y medio al este, donde procede de los mantos de hielo de Ronne y Filchner, sometidos a menos presión.
El agua del fondo antártico se forma en el Océano Antártico producto del enfriamiento del agua de la superficie en las polinias.Wikipedia
Cómo la han descubierto. Esa tormenta que obligó al Polastern a buscar refugio al abrigo de la isla Joinville. Fue entonces cuando Simon Dreutter, detectó una anomalía en las cartas y subió al puente. Allí vio lo que parecía un iceberg inusualmente sucio. Como que era una roca. Al acercarse con precaución manteniendo siempre al menos 50 metros de agua bajo la quilla para minimizar el riesgo de chocar con huelo, el equipo confirmó que se trataba de una isla. El buque la rodeó a unos 150 metros de distancia y aprovechó para cartografiar tanto su lecho marino (con una ecosonda multihaz) como su orografía mediante un drone. Ya disponían del primer modelo de elevación de la isla.
Qué va a pasar ahora. Una vez completado el proceso oficial de ponerle nombre, el equipo publicará las coordenadas de la isla y toda esa información se incorporará al International Bathymetric Chart of the Southern Ocean y a las cartas náuticas internacionales, de modo que su existencia ya no vuelva a pillar por sorpresa a nadie más. Como curiosidad, por tradición marítima quien descubre un accidente geográfico así tiene el privilegio de proponer el nombre en un proceso que puede durar meses. Más allá del nombre, la isla abre un abanico científico nuevo: las muestras de roca permitirán determinar su composición litológica y edad y los estudios biológicos servirán para ayudar a entender cómo responden los ecosistemas antárticos al cambio climático.
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