El agente llama a la puerta… ¿lo dejamos entrar?
Está ocurriendo ahora mismo, y sobre todo después del lanzamiento de Muse por parte de Meta: usuarios que crean agentes que actúan por ellos en todo tipo de tareas, desde buscar y comparar productos hasta comprar o gestionar asuntos financieros, pero que cada vez más son bloqueados por las páginas web a las que el usuario podría acceder personalmente, en algunos casos por decisiones comerciales de las propias páginas, y en otros porque los propios sistemas de CAPTCHA los confunden con bots maliciosos. El caso más sonado por el momento de bloqueo totalmente intencionado ha sido el de Amazon, pero el caso de Walmart, que tiene un acuerdo con Meta, ilustra que también puede ocurrir de manera accidental.
La cuestión parece relativamente clara: los usuarios quieren usar agentes porque les resulta cómodo, les ahorra tiempo y les facilita la comparación de ofertas. Pero para las páginas implicadas, esos agentes redefinen su relación con los usuarios: de repente, el usuario deja de ver una página que estaba optimizada para él, y toda la inversión en metáforas visuales, en publicidad, en recomendaciones o en otros elementos deja de funcionar o pierde buena parte de su eficacia. Además, el agente no se limita a llevar a cabo una operación: también puede acumular datos del perfil del usuario y terminar por convertirse en quien conoce y coordina sus decisiones. Básicamente, estamos más allá de un simple conflicto de «agentes contra webs», y mucho más cercanos a otro más fundamental: quién controla esa nueva relación comercial.
Por otro lado, es evidente que también bloquear conlleva sus costes: cuando una página rechaza a un agente de un usuario, corre el riesgo de rechazar también al cliente que actúa a través de ese agente, y probablemente esté echándolo en brazos de un competidor. Si las defensas automáticas se endurecen, además, puede acabar molestando y generando problemas a usuarios de carne y hueso. Páginas como Yelp exigen licencia a los agentes antes de permitirles acceder a sus datos, para prevenir accesos automatizados que puedan ser utilizados para otros fines.
Además, permitir que un agente entre con la contraseña de un usuario y mueva dinero puede plantear preguntas muy relevantes sobre autorización, posibles errores y responsabilidad sobre esas operaciones. JPMorgan afirma que bloquea a los agentes externos debido a posibles riesgos tanto para los clientes como para el banco, y Charles Schwab muestra preocupaciones sobre quién responde en caso de que algo en la operación pueda salir mal. Discernir qué parte de esas resistencias se atribuye a la protección del cliente y cuál a la protección del negocio bancario ya es cuestión de cada uno y sus suspicacias: en muchos casos, sin duda, hay preocupaciones por la posibilidad de que los clientes puedan ahora llevar a cabo fácilmente traslados de depósitos a cuentas con mayor rentabilidad.
Pero sobre todo, lo que ocurre es que si un usuario deja de visitar una web porque ahora actúa en ella a través de un agente, el modelo clásico de tráfico, publicidad y suscripciones pierde su intercambio fundamental. Según una encuesta, los editores consultados prevén una caída del 43% en el tráfico desde buscadores en tres años. Según Pew Research, los usuarios hacen clic en un resultado tradicional en el 8% de las visitas con resumen de inteligencia artificial, frente al 15% que lo hacen cuando ese resumen no aparece.
Las opciones, en realidad, no son simplemente blanco o negro, acceso sin restricciones o bloqueo total: Cloudflare propone controles y respuestas de pago, mientras Shopify y Google están promoviendo UCP, un protocolo abierto para conectar agentes y comercios. ¿Se convertirán en estándares interoperables con permisos y condiciones claros, o en nuevas redes privadas donde cada plataforma decide qué agentes pasan y cuáles no, y cobra por ello?
Como en tantas ocasiones, es posible que la evolución de esto termine encontrando un punto medio: permitir agentes identificables y autorizados es algo que puede ayudar a los usuarios que desean utilizarlos, pero darles acceso general con credenciales compartidas no resuelve la responsabilidad ni la seguridad. Bloquearlos todos tampoco parece muy sostenible en el tiempo si, como parece estar ocurriendo, los usuarios prefieren delegar muchas de sus actuaciones. Probablemente el equilibrio esté en separar lectura, entrenamiento y ejecución de acciones, y llegar a acuerdos para acordar quién paga por el contenido y quién responde por las acciones, pero por el momento, en esta fase incipiente, pocas cosas están claras aún. Lo único que parece evidente es que el comercio electrónico va a tener que repensarse otra vez, y que esto va a afectar a mucha gente, para bien y para mal.
In English on Medium, «No clicks, no ads, no traffic: how AI agents are threatening a long-established business model»
Fuente: Artículo original