Si La Bola Negra fuese un videojuego, sería esta joya de Steam. Como en la película de Los Javis, el error está en juzgarlo antes de entenderlo
Normal Golf Game no es una ironía
Lo que entrega al décimo golpeo, en cambio, ese que cuadras en una buena posición, con la fuerza adecuada y el ángulo perfecto para alcanzar el objetivo que el juego te acaba de poner, es una sensación de satisfacción tan potente que, además de saber a gloria, a logro personal, empieza a rasgar una apertura en esa certeza que traías de casa justo antes de empezar: la de que los juegos de golf eran así porque no podían ser de otra manera.
Ni siquiera te hacen falta un centenar de golpes para entender que no es suerte lo que modula el resultado, que hay un patrón en el movimiento de tu mano que puedes seguir casi a la perfección golpeo tras golpeo. Que a veces se te va demasiado alto y demasiado flojo, y que otras hace lo contrario para soltarle un guantazo al suelo capaz de hacer temblar la tierra, pero que sabes cómo chocar el palo con la bola para que aparezca una señal de ánimo tras terminar el golpe.
Que has aprendido a jugar de una forma nueva y que, en una industria que parece premiar los correcalles con el cerebro apagado en vez de la creatividad y la innovación, la satisfacción de haber dominado ese reto, una sensación que pocas veces provocan los juegos actuales, hace que todo lo anterior haya merecido la pena.
Comprensible y lógico, aunque bastante menos inspirado, es todo ese aire de girito de guión que oculta sin demasiado esfuerzo. Hablábamos de Inscryption como uno de los últimos cénits entregados en ese Imagina Ser The Stanley Parable que se ha adueñado del desarrollo indie. Una sombra que sigue siendo lo suficientemente alargada para que pocos, más bien ninguno, consiga asomar el hocico por encima. Sí toca aplaudir que, como mínimo, la excusa le sirva a Normal Golf Game para celebrar dos cosas.
Por un lado, lo de colocarte a demostrar tus habilidades con retos cada vez más absurdos le va que ni pintado a ese parque de atracciones que, sin olvidarse de obligarte a cuadrar un par de vez en cuando, sí hace auténticas maravillas para invitarte a dominar ese sistema de control. Porque leer el viento y la dirección mientras cuadras el golpe es fácil, pero hacerlo con la precisión necesaria para derribar un enemigo en movimiento es muy distinto.
El don de la oportunidad
No deja de resultar hasta poético que, terminada la historia, la gente acuda en masa a las foros y las reseñas de Steam para celebrar que siguen pudiendo jugar al golf con hoyos normales y corrientes, abrazando por completo cómo ese sistema de control ha superado incluso los esfuerzos de Muscat por intentar superar la cuarta pared. Es un pulgar hacia arriba al envoltorio seguido de un “apártate que quiero seguir jugando”.
Algo similar ocurre con su aspecto, la combinación perfecta de homenajes al FMV, los escenarios low-poly y el aroma a assets de tienda, capaz de echar para atrás a cualquiera mientras piensan que están ante el enésimo indie feo hecho con prisas. Como con cualquiera de las pantallas sobre estas líneas que enseñan su sistema de control, la misma estética capaz de hacerte saltar al siguiente juego en la tienda de Steam es la que, derrochando identidad, cuesta imaginar de otra forma cuando ya llevas una hora en el juego.
Es justo ahí, en esa aparente búsqueda de excusas para que el público tenga a huevo el mirar ambas obras por encima del hombro, donde Normal Golf Game vuelve a cruzarse con La Bola Negra. No pertenecen al mismo medio ni comparten intenciones, pero sí parecen querer ser lo más grandes y ambiciosas posibles, dejando el balón botando para que alguien escriba en una red social la palabra petulante pese a haber pasado 20 años sin escucharla por boca de nadie.
Ambas parecen querer ser el punto de inflexión de unos creadores que, sin embargo, en realidad siguen dando vueltas en círculos sobre una obsesión que siempre estuvo ahí de una forma u otra. Ambas son el ejemplo perfecto de lo difícil que se ha vuelto decirle a la gente: “espera, hostias. Antes de lanzarte a juzgar, dale una oportunidad”. Que hay hueco para reinventar algo que, por antiguo y por manido, creemos ya completamente desgastado. Que, para poder opinar con criterio, La Bola Negra hay que verla y Normal Golf Game hay que jugarlo.
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