Los soldados de la Antigua Grecia eran auténticos portentos: 11 horas con una armadura de bronce de 3.500 años encima lo confirman
Las pruebas. Para reproducir la experiencia no eligieron a cualquiera: reclutaron a trece infantes de marina de las Fuerzas Armadas de Grecia porque no hay nada mejor como un soldado actual para replicar las condiciones de por aquel entonces en cuanto a condiciones físicas. Después, los vistieron con esa réplica de algo más de 23 kilogramos, hecha con una aleación de cobre y zinc similar al latón, la más parecida al bronce original disponible en su momento. Y con las indicaciones de la obra de Homero, siguieron un protocolo de combate de 11 horas, desde las siete de la mañana hasta casi las seis de la tarde.
Para una experiencia más fiel a la realidad, su aporte calórico era como el de los micénicos, esto es, 4.400 kcal al día. Durante esa dura jornada de batalla el equipo midió la temperatura, su frecuencia cardíaca, la fuerza con la que golpeaban y la glucosa. También pusieron a prueba con un modelo matemático cómo era el intercambio de calor en siete escenarios climáticos diferentes porque, bueno, ahora tenemos tejidos técnicos para el esfuerzo, pero estamos hablando de una réplica en un metal parecido al latón.
Qué descubrieron. La buena noticia es que los trece voluntarios completaron el protocolo. Ahora, tremendo desempeño: su ritmo cardíaco llegó al 80% de la frecuencia máxima, alcanzaron hasta 166 pulsaciones por minuto y los golpes con espada y lanza generaron una fuerza media de 3,5 kilonewtons, lo que en la práctica provocaría fracturas graves en un eventual combate real.
Pese al esfuerzo, su organismo aguantó razonablemente bien: la glucosa en sangre bajó de forma moderada y no hubo indicadores clínicos graves. En cuanto a la gestión del calor, en seis de los siete escenarios climáticos el soldado podía completar esa jornada sin llegar al umbral de riesgo.
Por qué importa. El resultado demuestra que, pese a ser un armatoste desde el punto de vista de los materiales y tecnología militar actual, la armadura de Dendra no era una pieza de gala, sino que era funcional ante campañas de combate largas y exigentes. Pero como ya hemos visto, no era apta para cualquiera: confirma el poderío militar micénico en términos de capital humano que Homero escribía y que, desde luego, no eran una invención.
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