Enterraron siete toneladas de xenón a 1.500 metros para encontrar materia oscura. Hay un resultado que no termina de encajar
Para hacerlo tenemos que volver al 16 de junio de 2023. Ese día LZ registró un evento que adquiere ahora una relevancia distinta porque el nuevo análisis presentado en 2026 ha ampliado la búsqueda hacia retrocesos nucleares de mayor energía. La interacción es compatible con un retroceso de unos 248 keV: en términos físicos, un núcleo de xenón habría recibido energía y retrocedido dentro del detector. Además, la señal quedó mucho más cerca de la banda esperada para retrocesos nucleares que de la población de retrocesos electrónicos, mucho más habitual como fondo.
A partir de ahí, el trabajo fue buscar una explicación ordinaria. El equipo revisó si el evento podía deberse a radiactividad, neutrones, neutrinos, coincidencias accidentales o algún efecto instrumental capaz de imitar una interacción nuclear. También comprobaron circunstancias concretas de aquel momento: una fuente de cobalto-57 había sido retirada 25 minutos antes, pero estaba situada al otro lado del detector y no apareció ninguna población anómala asociada; tampoco había pasado recientemente ningún muón por la cámara. Tras meses revisando estos posibles fondos, la colaboración no identificó ninguno como una explicación probable.
Que no haya aparecido una causa convencional convincente no convierte automáticamente el evento en materia oscura. Lo que sí ocurre es que el nuevo análisis estaba diseñado para explorar interacciones de mayor energía, incluidas algunas que ciertos modelos de WIMPs podrían producir. Pero no debemos confundir el hallazgo. LZ ha observado un evento compatible con determinados modelos de materia oscura, pero no ha identificado la partícula que lo produjo ni ha medido su masa.
En un preprint publicado en arXiv hay más información. La tensión con la hipótesis de solo fondo alcanza un máximo local de 3,4 sigma, pero al corregir por el hecho de que LZ estaba probando múltiples modelos y posibilidades, el resultado baja a 2,6 sigma globales. Es el llamado look-elsewhere effect, y deja la anomalía lejos de los 5 sigma que la física de partículas suele exigir para hablar de descubrimiento. Después de toneladas de xenón, años de búsqueda y miles de interacciones analizadas, queda un único punto sin una explicación convincente. Ahora serán los nuevos datos los que decidan si gana peso o termina diluyéndose.
Imágenes | Berkeley Lab
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