Elon Musk enterró Twitter por X. Una startup ha lanzado otra red social con ese nombre y se juega todo en los tribunales
Ese punto importa porque la nostalgia también puede convertirse en un activo empresarial. Bluebird no está levantando una red social desde una marca desconocida, sino intentando empezar con un nombre que durante años identificó a una de las plataformas más reconocibles de Internet. La compañía ha optado además por un modelo de acceso de pago en esta primera etapa y cuenta con capital externo, así que detrás del proyecto existe también la expectativa de construir un negocio. X cita en su demanda a Kevin Raper, a quien identifica como uno de los financiadores del proyecto, diciendo que “la apuesta por la nostalgia consigue los titulares”, una frase que ilustra el valor de comenzar con Twitter en lugar de inventar otra identidad desde cero.
Ahí empieza la parte más delicada del proyecto. X Corp. sostiene que cambiar Twitter por X no equivalió a renunciar a sus derechos y acusa a Bluebird de intentar aprovechar el valor acumulado por aquella marca. La startup, por su parte, pidió a la oficina estadounidense de marcas cancelar diez registros de X alegando abandono, en un procedimiento administrativo que permanece suspendido mientras avanza el litigio federal abierto por X. En abril, el juez Colm Connolly expresó provisionalmente dudas sobre los derechos de X respecto de “Tweet” y el pájaro, y dejó abierta también la cuestión de Twitter. Pero todavía no ha emitido una orden escrita sobre la medida cautelar solicitada por X y el litigio sigue abierto. El abogado de marcas Josh Gerben considera que Bluebird tiene una teoría jurídica viable, aunque el caso está lejos de estar resuelto.
Como ya decíamos al principio, twitter.com sigue llevando hoy a X. Lo relevante ahora es que la compañía ha convertido ese detalle en un argumento judicial: aseguró ante el tribunal que solo el 11 de diciembre de 2025 más de cuatro millones de usuarios accedieron al servicio a través de ese dominio. X lo utiliza para sostener que la antigua identidad nunca quedó completamente abandonada, mientras Bluebird intenta demostrar justo lo contrario. La paradoja se resume bien en las direcciones: el Twitter histórico sigue desembocando en X; el proyecto que pretende recuperar ese nombre tiene que operar, por ahora, desde twitter.now.
El problema deja de ser abstracto en cuanto alguien decide abrir una cuenta. Registrarse en Twitter.now lleva unos minutos; construir allí una identidad, reunir seguidores y formar una comunidad puede llevar años, y hoy nadie puede asegurar que la plataforma vaya a conservar intactos su nombre y sus símbolos cuando termine el litigio. Ya hemos visto antes cómo una red puede cambiar bajo nuestros pies: en enero de 2007 yo mismo era usuario de Facebox y todavía conservo el correo de confirmación de aquella cuenta; pocos meses después, el servicio pasó a llamarse Netlog. No quiero decir que aquel cambio respondiera a una disputa jurídica como esta, pero sirve para recordar algo que el propio Twitter terminó demostrando al convertirse en X: los usuarios construimos la comunidad, pero no controlamos el nombre o funcionamiento tendrá mañana.
Operation Bluebird ya ha conseguido algo difícil: convertir una discusión sobre marcas supuestamente abandonadas en una red social que podemos abrir y utilizar. Ahora le quedan dos pruebas mucho más exigentes. La primera es jurídica, demostrar que puede conservar Twitter como nombre y como identidad; la segunda no depende de ningún juez, sino de si consigue atraer suficientes usuarios, conversaciones y comunidades como para que esa marca vuelva a tener peso propio. Porque recuperar un nombre cargado de historia puede abrir muchas puertas, pero reconstruir aquello que hizo relevante a Twitter exige bastante más que nostalgia.
Imágenes | Twitter.now
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