El jefe de Instagram desveló la “prueba” a la que le somete Mark Zuckerberg. Se parece a trabajar para Steve Jobs
Poner las ideas a prueba antes de descartarlas
La diferencia está en el proceso. Cuando a Mark Zuckerberg no le convence una idea desde el principio, no se limita a rechazarla en el momento: la lleva a varias reuniones más y pregunta a distintos empleados qué opinan. Adam Mosseri explica que el objetivo de fondo es someter esa idea a presión hasta que sea el propio equipo quien llegue a la conclusión de que no funciona, en lugar de imponer un veto desde arriba sin más explicación.
Es un matiz que dice bastante de cómo gestiona el desacuerdo. En vez de cortar por lo sano, prefiere que la idea se sostenga o se caiga sola, expuesta a las preguntas de la gente que tendría que ejecutarla. El resultado es parecido al de un “no” directo, pero el camino hasta llegar ahí construye algo distinto: un equipo que entiende por qué una idea no ha cuajado, no solo que ha sido descartada.
Aprender a leer al jefe
Trabajar así, de forma tan cercana y con un nivel de exigencia que no da tregua, obliga a cualquier empleado a desarrollar una habilidad: anticiparse. El propio Adam Mosseri lo resume con esta frase.
Cuando llevas suficiente tiempo trabajando con alguien, empiezas a anticipar cuál va a ser su opinión y qué es lo que le importa.
El CTO de Meta ha ido más allá al describir el nivel de atención que pone Mark Zuckerberg cuando un proyecto le importa. Lo comparó con el Ojo de Sauron de El Señor de los Anillos, una imagen que deja claro que ningún detalle pasa desapercibido cuando algo está en el radar del CEO. Cada fallo, por pequeño que sea, acaba saliendo a la luz tarde o temprano.
La obsesión que no descansa
Incluso después de dar el visto bueno a algo, Mark Zuckerberg sigue introduciendo cambios sobre proyectos que días antes había dado por buenos. Esa inquietud, la de no dejar nunca un asunto completamente cerrado, es otro de los puntos en común con Jobs, que tenía fama de no desconectar ni durante las vacaciones. Hay quien llegó a recibir hasta seis llamadas suyas en un solo día de descanso, todo por mantener el control sobre lo que se estaba cociendo en Cupertino.
Son dos formas de liderazgo separadas por generaciones y por sectores distintos dentro de la tecnología, pero que comparten una misma convicción de fondo: que ningún proyecto llega solo a la excelencia. Hace falta alguien empujando desde arriba, presionando cuando toca y sin soltar del todo las riendas ni cuando parece que ya está todo decidido.
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