Ante la ola de calor, pastores de La Rioja han decidido salir con las ovejas a las cinco y volver “hasta que ya no puedan”
Detrás de esta crisis coyuntural hay una tendencia estructural que la lleva agravando: España pierde cada día 520 ovejas y 82 cabras destinadas al pastoreo. En la última década, cerca de dos millones de ovejas y 300.000 cabras. La falta de rentabilidad y el nulo relevo generacional son las causas principales. Y el calor extremo actúa como acelerador. Además, menos rebaños pastando significa menos limpieza natural del monte y, por tanto, más combustible acumulado para los incendios forestales. De hecho, vivir cerca de un monte es peligroso.
La trashumancia, la forma más tradicional de este oficio, agoniza aún más rápido. El Libro Blanco de la Trashumancia contabilizó 8.393 ganaderos trashumantes en 2010-2011, una cifra ya un 80% inferior a la de los años noventa. Hoy quedan poco más de 180 explotaciones que recorren a pie las vías pecuarias españolas, repartidas entre Andalucía, Extremadura, Castilla y León y La Rioja, entre otras.
El cereal, la otra víctima silenciosa del termómetro
Mientras los pastores reorganizan sus jornadas, los cerealistas cuentan pérdidas en euros. La ola de calor de junio costó 2.000 millones de euros al sector agrícola europeo, con España perdiendo 1,4 millones de toneladas de cereal y unos 276 millones de euros, según cálculos de la Energy and Climate Intelligence Unit.
Un estudio de World Weather Attribution citado en ese mismo informe concluye que una ola de calor de esa magnitud habría sido “prácticamente imposible” sin el cambio climático de origen humano. La cosecha nacional de cereales de 2026 se ha quedado en torno a 18,5 millones de toneladas, muy por debajo de la media de los últimos 5 años, con caídas del 35% en Castilla y León, del 49% en la región de Madrid y del 24% en Andalucía. Un agricultor de Zamora calculó en 2.500 kilos por hectárea, unos 40.000 euros, lo que había perdido solo en su explotación de trigo.
Esta es, al fin y al cabo, la instantánea de un sistema agroganadero entero reajustándose a un clima que ya no coincide con el calendario que heredaron sus abuelos. La oveja marca el límite, pero el termómetro sube el listón. Ahora queda encontrarle el techo a esta forma de adaptación.
Imágenes | Ebahir / Yavuz Solgun
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