La marina británica estrenó nuevos barcos dron. Una revisión encontró una sorpresa: componentes fabricados en China
Una china casi inevitable. El caso también expone un problema más amplio: China ocupa una posición central en numerosas cadenas mundiales de electrónica y fabricación avanzada. La OCDE la sitúa, por ejemplo, a la cabeza de la capacidad de fabricación en segmentos de semiconductores como los chips de potencia y discretos, los analógicos y la lógica madura, aunque otros eslabones tecnológicos estén dominados por economías como Taiwán, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón o países europeos. Ese peso hace especialmente complejo excluir por completo los vínculos con su industria de determinadas cadenas electrónicas.
La relación entre Londres y Pekín. En este caso, hablamos de un vínculo bastante más complejo que la de dos adversarios declarados. China sigue siendo un socio comercial de enorme peso para Reino Unido, mientras la revisión estratégica de defensa británica la describe como un “desafío sofisticado y persistente” en materia de seguridad. Por eso la preocupación no pasa por excluir automáticamente cualquier pieza fabricada allí, sino por conocer qué componentes llegan a sistemas sensibles y qué riesgos pueden introducir. Reino Unido y la OTAN han avanzado precisamente en esa dirección, buscando proteger y diversificar sus cadenas de suministro y reducir dependencias potencialmente problemáticas dentro de sus capacidades de defensa.
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