El terror de lo cotidiano: la ciencia detrás del efecto Backrooms y Obsession
Edna Campos ha seguido parte de esas transformaciones durante 25 años como directora y cofundadora de Macabro, Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México. En ese tiempo ha visto pasar distintas tendencias, desde el torture porn y el auge del terror japonés hasta el regreso del folk horror.
“Yo creo que los miedos son los mismos. Lo que creo que cambia es el contexto y creo que justo eso es lo que hace que cambie un poco cómo se cuentan esas historias”, menciona Campos. La comunicóloga dice que la muerte, el dolor, la pérdida, la vejez, la oscuridad y la sospecha hacia los demás son miedos que siguen apareciendo una y otra vez, aunque cada época encuentra escenarios distintos para darles forma.
Cuando lo familiar deja de sentirse seguro
Las relaciones y los espacios cotidianos tampoco llegaron apenas al terror. Villegas Lindvall recuerda que la idea del “enemigo entre nosotros” atraviesa buena parte de la historia del género y que el propio hogar ha funcionado como espacio de amenaza desde los primeros años del cine.
“No es tanto que sean nuevos estos patrones o que lo doméstico y las relaciones en estructuras reconocibles sean nuevas, sino más bien la subversión de esos espacios cuando existe una manera de contrarrestar dinámicas de poder desiguales”, explica.
Obsession muestra bien ese cambio. Bear quiere que su amiga Nikki se enamore de él y utiliza un objeto sobrenatural para conseguirlo. Aunque la historia parte de un elemento fantástico, el conflicto es fácil de reconocer: ¿qué ocurre cuando el deseo por otra persona se convierte en una forma de control y desaparece su posibilidad de decidir?
Villegas Lindvall señala que algunos espectadores pueden mirar a Bear como un hombre desafortunado porque la persona que desea no le corresponde; sin embargo, la película permite desplazar esa mirada hacia Nikki y preguntarse qué ocurre con ella, pues es quien queda atrapada en esa relación. Para la investigadora, ahí está parte del cambio de perspectiva que atraviesa al terror reciente, ya que no necesariamente inventa un miedo, sino que hace que lo miremos desde otro lugar.
Edna Campos, directora de Macabro.Luis Ortiz/Clasos/LatinContent via Getty Images
Campos encuentra esa cercanía también en las producciones que han pasado por Macabro. Ha visto historias sobre personas que viven juntas y comienzan a desconocerse, violencias dentro del hogar, personajes perseguidos por redes sociales o conflictos que transforman espacios aparentemente seguros. La amenaza es creíble precisamente porque ya no parece demasiado lejana.
“Nuestro entorno se ha vuelto mucho más violento y agresivo. Creo que eso es lo que ha hecho que digamos ‘no sé quién sea mi vecino, puede ser una buena persona, pero a lo mejor es un psicópata desgraciado’. Y de ahí se puede generar una historia totalmente imaginaria sobre lo que pensamos del otro. Ese tipo de películas pegan mucho precisamente porque se siente que es algo que está junto a ti. Eso puede hacer que uno tenga bastante más miedo de las personas en las que tiene confianza que de algo que esté abajo de la cama”, cuenta.
El hecho de que lo familiar pueda volverse terrorífico tiene una explicación neurocientífica. Francisco Sotres Bayón, investigador del Instituto de Fisiología Celular de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estudia desde la ciencia básica los circuitos neuronales involucrados en el aprendizaje de amenazas, la memoria y la selección de conductas, principalmente con modelos animales. Desde ese marco, cuenta que una señal no se interpreta por sí sola, sino en relación con el contexto y con lo que hemos aprendido antes.
Un lugar, una persona o un sonido conocido vienen acompañados de ciertas expectativas, así que cuando algo las rompe, la misma señal puede empezar a significar otra cosa. “Los estímulos no se evalúan de manera aislada, sino en relación con lo que esperábamos que ocurriera. A veces lo inquietante no es encontrarnos con algo desconocido, sino que algo conocido deje de comportarse como esperamos”, explica Sotres Bayón a WIRED.
Una escena de Obsession, de Curry Barker, uno de los grandes éxitos de terror de 2026. Realizada con un presupuesto de alrededor de 750,000 dólares, recaudó más de 480 millones en taquilla mundial.
Focus Features
Ahí está parte de la incomodidad que produce Backrooms. Sus espacios son extraños precisamente porque no lo son del todo; recuerdan a una oficina vacía, un pasillo o alguna habitación por la que quizá hemos pasado. Creemos saber cómo debería funcionar un lugar así, pero la película rompe esa expectativa.
Eso no significa que una criatura fantástica haya perdido su capacidad para asustarnos. Sotres Bayón señala que podemos ser conscientes de que un monstruo no existe, y aun así, ciertas características de la situación pueden activar nuestros sistemas de defensa:
Una criatura o un fantasma pueden seguir dando miedo porque detrás de ellos hay situaciones fáciles de reconocer: una amenaza que nos persigue, un lugar del que no podemos salir o algo que escapa de nuestro control.
El terror aprendió de internet
La tecnología es otro de los lugares a los que el terror ha llevado miedos conocidos. Las pantallas, las computadoras y los dispositivos llevan décadas apareciendo como fuentes de inquietud. En los últimos años, esas historias han ganado fuerza con el auge de la inteligencia artificial y la presencia cada vez mayor de las plataformas digitales en la vida cotidiana.
M3GAN (2022), dirigida por Gerard Johnstone, parte del duelo de una niña que ha perdido a sus padres y lo cruza con una tecnología diseñada para acompañarla y cuidarla. La película no inventa el miedo al duelo ni a perder el control sobre algo que creamos. Lo que hace es llevar esos temores a una preocupación muy actual: ¿qué pasa cuando la tecnología empieza a ocupar un lugar cada vez más importante en las relaciones? La tecnología le da otra forma a miedos que existen desde mucho antes.
Cam, dirigida por Daniel Goldhaber, hizo algo parecido en 2018. La película sigue a Alice, una camgirl que descubre que una mujer idéntica a ella ocupa su cuenta y continúa transmitiendo frente a su audiencia. De repente, su imagen existe, trabaja y se relaciona con otras personas sin que ella tenga control sobre lo que ocurre.
Villegas Lindvall dice que Cam es un ejemplo de cómo el terror puede tomar dinámicas propias de internet y darles otra forma. La historia mezcla temas como el trabajo sexual, la identidad digital y el temor a perder el control sobre la propia imagen. Además, pone en el centro a una mujer que decide exponerse ante la cámara y que, después, ve amenazada su posibilidad de decidir.
La tecnología también puede cambiar la manera en que una película cuenta el miedo. Host llevó en 2020 una historia conocida (una invocación sobrenatural que sale mal) a una videollamada de Zoom, justo cuando esa plataforma se había convertido en parte de la vida diaria durante la pandemia de covid. Para Edna Campos, ese tipo de recursos muestran cómo la tecnología puede modificar la narrativa sin necesidad de inventar desde cero la historia que hay detrás.
Macabro también ha recibido películas y cortos que usan recursos de las redes sociales para crear tensión. “Eso es lo que hemos visto, cómo va evolucionando la forma en que se presenta el género. La tecnología sin duda hace que cambie un poco la narrativa y eso también hace que sea novedoso, incluso desde el hecho de que aparezca una cámara y grabe”, dice.
En México, No me sigas (2025), de Ximena García Lecuona y Eduardo Lecuona, cuenta la historia de Carla, una joven que busca ganar seguidores y empieza a simular que ocurren fenómenos paranormales durante sus videos. Todo cambia cuando lo que fingía empieza a ocurrir en la vida real. La película fue la primera producción original en español de Blumhouse, la productora detrás de éxitos como las películas de Insidious, The Purge y Paranormal Activity.
La cámara en No me sigas no sirve solamente para registrar lo que ocurre, también está ligada a la búsqueda de atención y a la necesidad de convertir una experiencia en contenido. La película combina recursos del found footage (metraje encontrado) con imágenes vistas desde computadoras y teléfonos. El miedo a lo sobrenatural sigue ahí, pero ahora aparece dentro de una dinámica que incluye seguidores, viralidad y una pregunta muy propia de internet: qué es real y qué es un montaje para conseguir atención.
Sotres Bayón señala que esos formatos también están cargados de asociaciones previas. Estamos acostumbrados a relacionar una cámara de seguridad, un teléfono o un video casero con registros de acontecimientos reales, así que cuando una película utiliza ese lenguaje, puede hacer que la amenaza se perciba más cercana.
“Eso no quiere decir que dejemos de distinguir entre ficción y realidad. Más bien, esas señales forman parte de la información con la que interpretamos lo que estamos viendo. No respondemos solamente a lo que aparece en una imagen, también al contexto que nos ayuda a decidir qué significa esa imagen”, menciona.
Una escena de Cam (2018). Su guionista, Isa Mazzei, trabajó como camgirl y retomó para la película experiencias como ver sus propios videos copiados y publicados en otros sitios sin su autorización.
Netflix
Además de aportar nuevas salidas para el terror, internet creó espacios donde las historias pueden nacer, crecer y cambiar antes de llegar al cine. Los realizadores que crecieron con el auge de las distintas plataformas tienen, según Villegas Lindvall, una relación distinta con los videojuegos, las redes y la enorme cantidad de referencias visuales disponibles en línea. Muchos conocen las convenciones del género, pero su manera de construir imágenes también está atravesada por formas de mirar que no vienen solo de películas. Backrooms es uno de los ejemplos más claros de esto.
El universo de los Backrooms surgió en internet en 2019 como una creepypasta y fue ampliado por distintas comunidades antes de que Parsons publicara su propia versión en YouTube. Los Backrooms son una especie de laberinto interminable de habitaciones y pasillos vacíos, generalmente iluminados con luces fluorescentes, al que una persona puede entrar accidentalmente por un portal.
En 2022, Parsons recreó ese mundo como una supuesta grabación encontrada de alguien atrapado ahí. The Backrooms (Found Footage) supera hoy los 92 millones de visualizaciones y dio origen a una serie de videos que terminó abriendo el camino para la película que finalmente produjo A24.
Villegas Lindvall ve en esas imágenes una influencia clara de los videojuegos, desde la forma de recorrer los espacios hasta la sensación de avanzar sin saber del todo cuáles son las reglas o que sucederá. También habla de un “folclor digital”, historias que surgen por partes, crecen con lo que aportan distintas comunidades y pueden pasar de un video a un foro, a un juego e incluso a una película.
“Hacerlo por cachitos, como si fuera una especie de mito o folclor digital, está muy arraigado en las posibilidades de las narrativas en internet”, explica la especialista. Creo que eso revela mucho de las posibilidades del género, porque de ahí mismo se alimentan las maneras en que estos creadores van haciendo su cine. Es interesante porque también retoman narrativas de paranoia que ya existían desde finales de los 90”.
Barker siguió otro camino, pero también llegó al largometraje después de mostrar su trabajo en internet. Antes de Obsession, ya había llamado la atención con Milk & Serial (2024), una película de terror en formato de found footage que publicó en YouTube sobre dos creadores de contenido acostumbrados a hacer bromas para su canal, hasta que una de ellas se sale de control y desemboca en una violenta espiral de terror psicológico.
¿Quién decidió que ahora el terror es “de prestigio”?
El éxito de cineastas como Barker y Parsons también llega en un momento en que el terror ocupa un lugar distinto dentro de la industria. Campos recuerda que durante mucho tiempo el género tuvo que pelear por espacio en festivales y otros circuitos donde no siempre era tomado con la misma seriedad que otras películas. Para ella, eso no significa que el terror apenas se haya vuelto artísticamente complejo y ambicioso, sino que cambió la forma de mirarlo.
Por eso, la directora de Macabro cuestiona etiquetas como art house horror, “terror elevado” o “terror de prestigio”, que en los últimos años se han usado para hablar de películas más lentas, psicológicas o con una estética muy cuidada. “Yo no creo que exista tal cosa”, dice Campos. El problema, señala, es que esas etiquetas pueden hacer parecer que unas películas valen más que otras dentro del mismo género.
“Nada más porque la película es más contemplativa que la que está en el cine comercial […] a lo mejor la que está en el cine comercial tiene elementos más auténticos que la que está acá, porque acá tomó de varios lados, le puso un filtro bonito, tiene más presupuesto, actrices o actores de renombre y entonces ya es algo digno”, dice.
Villegas Lindvall plantea una idea parecida. Durante mucho tiempo, el terror, la fantasía y la ciencia ficción cargaron con la etiqueta de cine “menor” por su cercanía con públicos masivos. Cuando algunas películas comenzaron a venderse como más sofisticadas o alejadas del terror comercial, también empezaron a recibir otro tipo de atención. Pero eso, advierte, no significa que sean necesariamente más inteligentes o más interesantes que las demás.
Las especialistas sostienen que A24 entendió muy bien ese momento. Películas como Hereditary (2018) y Midsommar (2019) ayudaron a asociar su nombre con un tipo de terror visualmente cuidado y muy centrado en conflictos familiares o psicológicos. Campos reconoce la importancia de la compañía, aunque también insiste en que “ya estaba puesto el escenario” y ellos supieron aprovecharlo.
El éxito de Backrooms y Obsession no significa que los monstruos hayan desaparecido ni que el terror apenas haya empezado a mirar hacia la vida cotidiana. Desde hace más de un siglo, el género toma elementos familiares y los deforma hasta volverlos inquietantes. Lo que cambia es qué miedos proyecta sobre ellos y cómo los lleva a la pantalla.
Fuente: Artículo original