En 1966 un jugador de Argentina fue expulsado pero no había forma de explicárselo. Desde entonces hay tarjetas amarillas y rojas
El poder de una simple cartulina. El escritor Rob Walker sintetiza bien el efecto que tiene ese simple trozo de papel: tiene un poder descomunal cuando un árbitro la exhibe de forma casi teatral en la cara del jugador. Provoca un estadio lleno de silbidos y gestos exagerados de los brazos del jugador amonestado y sus compañeros. Porque todo el mundo sabe lo que significa: la pérdida de la posesión del balón, un tiro libre y hasta quedarse con un jugador menos en el terreno de juego.
Kenneth George Aston, que falleció en 2001, resumió la visión del fútbol donde ese gesto que él mismo inventó y que sigue vigente en todos y cada uno de los encuentros tiene una importancia extrema: una obra dramática en dos actos con 22 actores y un director de escena, el árbitro, sin guion y sin final conocido.
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Portada | Jason Gulledge y Tasnim News Agency
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