El Niño de 2026 podría ser el más intenso de los últimos 150 años
En conjunto, los modelos generaron 667 simulaciones. Estas fueron comparadas con los registros históricos de los episodios más intensos de El Niño desde 1877. El análisis fue ajustado considerando variables como la temperatura promedio correspondiente a cada época y con una técnica de medición conocida como RONI, diseñada para separar el efecto específico de El Niño del calentamiento general que experimenta el planeta. Esta metodología permitió estimar cuál podría ser la temperatura generada por el fenómeno y la velocidad con la que se está desarrollando.
En una publicación, Hausfather explicó que la temperatura máxima de la superficie del mar en la zona Niño 3.4 podría situarse 3.6 °C por encima de los niveles registrados normalmente. Este indicador superaría en aproximadamente 0.8 °C el récord anterior, establecido durante el episodio de El Niño de 2015-2016, cuya anomalía máxima fue de alrededor de 2.75 °C.
“Para ponerlo en perspectiva, la diferencia entre este El Niño más intenso y el quinto más intenso de los últimos 150 años es de tan solo unos 0.5 °C. Los modelos están pronosticando algo que se sale de lo común para cualquier fenómeno que hayamos observado hasta ahora”, precisó el especialista.
Más explosivo, intenso y costoso
Estas condiciones, combinadas con el persistente avance del calentamiento global, podrían convertir a 2026 en un año con temperaturas récord. Sin embargo, Hausfather señala que los efectos completos de esta combinación se reflejarían principalmente durante el año siguiente. De acuerdo con sus proyecciones, durante 2027 la temperatura global podría situarse hasta 1.7 °C por encima del promedio preindustrial, lo que colocaría nuevamente al planeta por encima del umbral de 1.5 °C establecido en el Acuerdo de París.
El análisis también reveló que el fenómeno se está desarrollando más rápido de lo habitual. De acuerdo con la comparación, El Niño de este año se está intensificando con mayor rapidez que el de 1997-1998, considerado uno de los episodios de desarrollo más explosivo registrados. También presenta una diferencia importante respecto al fenómeno de 2015, que comenzó cuando el océano ya mostraba señales de calentamiento previo. Esto resulta particularmente llamativo debido a que el episodio actual habría comenzado a principios del año, bajo condiciones más frías asociadas con La Niña.
Los resultados de la investigación fueron presentados esta semana durante una sesión informativa organizada por Berkeley Earth. En el evento, otros investigadores, como Justin Mankin, científico climático del Dartmouth College, señalaron que las modificaciones que este episodio podría provocar en los patrones climáticos favorecerían la aparición de fenómenos meteorológicos extremos, con impactos considerables en los ecosistemas, las infraestructuras críticas y diversas actividades económicas.
En este sentido, un estudio de Mankin recordó que El Niño ocurrido entre 1997 y 1998 provocó efectos climáticos que terminaron reduciendo el crecimiento económico mundial en aproximadamente 5.7 billones de dólares (trillones de dólares en inglés) durante los años posteriores. Si las proyecciones actuales son correctas, el episodio que se está desarrollando podría generar pérdidas económicas acumuladas de alrededor de 10 billones de dólares para 2032.
Los especialistas subrayan que estas predicciones deben tomarse con cautela. Aunque los modelos climáticos tienen un alto nivel de fiabilidad, nunca han sido puestos a prueba frente a un evento de El Niño tan intenso como el que se prevé, por lo que sus estimaciones no pueden considerarse completamente certeras.
No obstante, reconocen que los pronósticos representan una señal de alerta sobre la manera en que el calentamiento provocado por las actividades humanas podría estar intensificando los mecanismos naturales de calentamiento. En este sentido, advierten que, mientras continúe aumentando la concentración de gases contaminantes en la atmósfera, cada nuevo episodio de El Niño ocurrirá sobre una base térmica más elevada. Esto incrementa la posibilidad de que los récords de temperatura y los fenómenos meteorológicos extremos sean cada vez más frecuentes e intensos.
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