Los expertos creen que nos faltan árboles: “Una zona verde sin arbolado suficiente pierde gran parte de su capacidad para actuar”
Es personalizado. El estudio también subraya que el diseño urbano no admite recetas universales, puesto que en ciudades como Sevilla y Málaga, el problema principal reside en el albedo y en Córdoba, la amenaza es la densidad edificatoria y la impermeabilización del suelo. Pero si nos vamos a Granada, la geometría de los barrios históricos, con calles angostas, ofrece una resiliencia térmica superior a la de los nuevos desarrollos urbanísticos.
Más allá de la temperatura. Si bien la bajada del termómetro es el objetivo más visible, ciencia advierte que el concepto de “refugio climático urbano” aún está en pañales y su definición carece de consenso. Según una revisión sistemática, el urbanismo actual se está centrando casi en exclusiva en el confort térmico, dejando inexplorado el potencial de estos espacios para fomentar la biodiversidad urbana o la mitigación climática a largo plazo.
De hecho, se apunta que los refugios climáticos deben concebirse como soluciones multiescalares, puesto que no basta con una plaza aislada, sino que es necesaria una red interconectada. En esta línea, la ciencia propone metodologías específicas (probadas en Sevilla y Málaga) para diseñar redes de refugios que clasifiquen los espacios según su uso: lugares de alivio temporal, áreas para la actividad cotidiana o zonas de asistencia crítica durante desastres.
El verdadero reto. El mayor obstáculo al que se enfrentan los refugios climáticos no es termodinámico, sino social. Y se que de nada sirve un parque excelentemente climatizado si quienes más sufren el calor no pueden acceder a él o no se sienten integrados.
Por ejemplo, un análisis en el IERMB sobre la red de refugios de Barcelona demostró que existen profundas vulnerabilidades interseccionales, puesto que factores como los ingresos económicos, el género y el origen cultural determinan quién usa realmente estos espacios. Esta desigualdad geográfica y de renta también es denunciada por Greenpeace España, cuyo informe alerta de una grave desprotección frente a las olas de calor en los sectores más vulnerables de la población, abordando el acceso al confort térmico como un derecho fundamental.
Vamos atrasados. Sabemos qué funciona y cómo implementarlo, pero la administración sigue yendo un paso por detrás. Una revisión a nivel europeo que analizó 97 iniciativas en 88 ciudades desveló una notable desconexión institucional, puesto que las estrategias nacionales de adaptación climática rara vez se integran verticalmente con las prácticas locales.
Los planes redactados sobre el papel tardan demasiado en convertirse en árboles plantados en el asfalto. Y el mensaje que tenemos encima de la mesa es que, para combatir el calor extremo de las próximas décadas, las ciudades no necesitan simplemente más metros cuadrados pintados de verde en un plano, sino ecosistemas urbanos densamente arbolados, inteligentemente distribuidos y, sobre todo, socialmente justos.
Imágenes | Andy Lee
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