Encerrado en un sótano y sin ducharse: así trabajaba Steve Jobs en Atari porque no “cuajaba en ningún lado”
Como resume Walter Isaacson en la biografía oficial de Steve Jobs, trasladando las declaraciones oficiales de Alcorn:
Como Steve Jobs no cuajaba en ningún lado, lo metimos en el turno nocturno. Era el único ingeniero con ese horario.
Durante aquellos días, Steve asumió tareas para terminar el diseño técnico de Touch Me, un arcade similar al Simon de Ralph Baer, donde tenías que dar la respuesta correcta memorizando colores. El caso es que Jobs pronto se cansó. Un buen día entró en la oficina de Alcorn para decir que se iba, que se marcharía a la India a emprender un camino espiritual con su gurú. Sin embargo, Atari vivía problemas de distribución de licencias, de liquidez, y necesitaba mentes pensantes y talentos creativos.
Oficinas de Atari en 1976
La marcha a la India y el urgente retorno
Alcorn le propuso un trato: “Te doy un billete sin regreso para Alemania. Seguramente es más barato llegar a India desde allí. Pero, a cambio, tienes que trabajar un par de días ayudándome a solucionar este problema”. Así, de paso, comería algo más que pan y fruta. El problema era que los distribuidores alemanes estaban atascados con el ensamblaje de los juegos porque no tenían fuentes de alimentación compatibles en el país.
Jobs aceptó, cumplió su parte y después se marchó a India. Cuando, diez meses después, regresó a Atari, lo hizo con la cabeza afeitada, túnicas de color azafrán y una copia de Be Here Now para regalarle a Alcorn. Lo cierto es que lo volvieron a aceptar y se puso a trabajar en un juego que estaba bastante atascado: Breakout. Con la ayuda de su mejor amigo, Steve Wozniak, diseñaron el mayor éxito de la compañía después de Pong.
El proyecto Breakout: genialidad y traición
Y lo hicieron superando un reto increíble: tenía que diseñar un prototipo que usase menos de 100 chips. Le pagarían 750 dólares y otros 100 por cada chip que se ahorrase. Tras cuatro días sin prácticamente dormir, alcanzaron la meta: el 14 de enero de 1975, Wozniak confirma estar trabajando en un prototipo de algo denominado Bricks. Aquel diseño usaba 44 chips y acabó llamándose Breakout.
Aquí viene lo mejor. Steve Jobs se llevó la mayor parte de los beneficios: le prometió a su mano derecha ir al “50/50”, pero se guardó para sí mismo la prima de los chips. En lugar de los 375 dólares que le dio a Wozniak, Jobs se embolsó aproximadamente 5.000 dólares del bonus total. Woz no descubrió la verdad de esta historia hasta que la prensa lo documentó a través de varias entrevistas, muchos años después.
Lo irónico es que el diseño de Breakout era tan sofisticado que resultó difícil de manufacturar, así que Atari finalmente lo desechó y pasó a otra cosa. Pero el impacto real se vería después: Wozniak incorporó características como circuitos gráficos en color y soporte para paddles basándose en su experiencia con Breakout, elementos que serían fundamentales en el diseño del Apple II.
Mientras tanto, Steve Jobs aprovechó el dinero que se había embolsado y lo usó para financiar los primeros pasos de Apple. Pero esa ya es otra historia.
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