En 1962 Estados Unidos explotó una bomba atómica en órbita para crear un “muro” antimisiles. El resultado fue un caos eléctrico a 1.000 km de distancia
Más radiación. La cantidad de radiación en el anillo de Van Allen aumentó. Para 1969, cuando los astronautas del Apolo 11 viajaron a la Luna, aún había un ligero aumento de radiación que ellos podrían absorber en su trayecto hacia nuestro satélite. Se realizaron varios estudios para comprobar si se pondría en serio riesgo su salud, pero se vio que el peligro era manejable, así que se decidió seguir adelante con la misión.
Un acuerdo internacional. En 1963, Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética firmaron el Tratado de Prohibición Limitada de Ensayos Nucleares, en el que se comprometían a liberar la atmósfera, el espacio exterior y el fondo marino de ensayos nucleares. Más tarde, en 1967, se firmó el Tratado Internacional del Espacio Exterior, con el que las grandes potencias mundiales establecieron un modo de actuación para la exploración y utilización del espacio ultraterrestre.
Desde entonces no hay constancia de que se hayan enviado armas nucleares al espacio. Sin embargo, hay científicos que no se fían de que otros países puedan estar actuando según lo acordado. Uno de ellos es Areg Danagoulian, del MIT, y la idea que ha tenido para solventarlo resulta, cuando menos, curiosa.
Espalación de neutrones. La propuesta de Danagoulian consiste en aprovechar un fenómeno llamado espalación de neutrones, por el cual las partículas muy altas en energía son capaces de hacer que los núcleos atómicos expulsen sus neutrones. ¿Y dónde hemos visto que hay partículas cargadas con mucha energía? Efectivamente, en el cinturón de Van Allen. Este científico del MIT cree que si un satélite cargado con un dispositivo nuclear pasara a través de este anillo, algo que tiene que hacer necesariamente, sus partículas provocarían que los núcleos de los átomos de uranio perdiesen neutrones. Por eso, propone construir un detector específico para este tipo de neutrones, que se encargaría de dar la voz de alarma si detecta dicha expulsión.
Aurora vista desde Hawái
Un estudio de viabilidad. De momento, Danagoulian no ha construido nada. Ha llevado a cabo un estudio de viabilidad en el que demuestra que su proyecto es plausible. Se basa en una física sólida y las técnicas que se necesitan ya existen. Si Rusia tuviese un satélite nuclear, como temen este y otros científicos, podría ser un dispositivo útil. Ahora bien, que sea posible no quiere decir que sea sencillo. Habría que diferenciar los neutrones procedentes del uranio de los de otros elementos y, además, distinguirlos de los que pudiesen venir directamente de la Tierra. Hay mucho trabajo por delante.
Con Starfish Prime se descubrió que las consecuencias de una liberación abrupta de radiación en el campo magnético terrestre pueden ser muy graves, tanto si ocurre de forma artificial, con una bomba atómica, como naturalmente por la actividad solar. Es importante que estemos preparados. Lo ideal sería que todo el mundo cumpla los acuerdos; pero, por si acaso, no está de mal recurrir a técnicas de detección. Sin duda, es una forma mucho más sana de aprovechar lo que nos brinda el cinturón de Van Allen.
Imagen | U.S. Air Force 1352nd Photographic Group, Lookout Mountain Station/NASA
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