El firmamento versión 2.0 es mucho más brillante, menos útil y definitivamente más feo
El astrónomo Olivier Hainaut calcula en su estudio Large or bright satellite constellations: Effects on observations, including background sky brightness que, para no impedir la astronomía desde tierra, el límite razonable debería rondar los 100.000 satélites y que brillaran menos de la magnitud visual 7, es decir, que fuera invisibles a simple vista incluso en los cielos más oscuros.
Para situarlo en contexto, a causa del brillo de la megaconstelación StarLink de SpaceX, algunas imágenes del Very Large Telescope de Chile podrían perder hasta un 28% del campo de visión apenas 2 horas después del anochecer.
Pero el caso más llamativo es quizá el de Reflect Orbital, una startup que quiere poner en órbita satélites-espejo para enviar luz solar de noche sobre zonas de al menos 5 kilómetros de ancho. Suena un poco WTF, pero así están las cosas. Su descerebrado plan es empezar con un prototipo este mismo año y llegar a 50.000 satélites en 2035. Según las simulaciones, una constelación completa de este tipo podría hacer que el cielo nocturno fuera entre 3 y 4 veces más brillante. ¿Suena algo cafre? Pues si uno de esos satélites apuntara directamente a un observador, lo vería 4 veces más brillante que la Luna llena.
Para la astronomía óptica esto ya no es cosa de unas pocas «rayas molestas» en las fotos: es la diferencia entre que el cielo nocturno siga siendo observable o no.
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