Qué es la perimenopausia y por qué altera tu mundo
“Tenemos receptores de estrógenos en todas las células del cuerpo, desde el pelo hasta las uñas y la piel, y por eso es que tenemos tantos síntomas o tantas molestias, porque la falta de estrógenos afecta todo nuestro cuerpo”, explica Haiek.
La edad a la que una mujer entra en la menopausia está relacionada con su esperanza de vida en general. Entender por qué podría desvelar los secretos del envejecimiento humano.
¿Puedo saber si tengo perimenopausia con un perfil hormonal?
En redes sociales abundan los videos que prometen identificar la perimenopausia a través de un perfil hormonal. La lógica parece sencilla: si los síntomas están relacionados con los estrógenos, bastaría con medirlos en sangre para obtener una respuesta. Pero, recuerda Haiek, la realidad es más compleja.
Un perfil hormonal es un conjunto de análisis de sangre que evalúa la concentración de distintas hormonas en el organismo, incluidas algunas relacionadas con la función ovárica. Aunque puede ser útil para descartar otras alteraciones, como el síndrome de ovario poliquístico (SOP), no siempre permite determinar si una mujer se encuentra en la transición hacia la menopausia.
Durante la perimenopausia, la actividad hormonal fluctúa constantemente, por lo que los resultados pueden variar de un momento a otro. “Hay meses donde el ovario funciona muy bien y meses donde el ovario baja su función. Depende en qué mes yo haga ese perfil hormonal, vas a salir en rangos de menopausia o en rangos normales”, señala la especialista. Por ello, los médicos no basan el diagnóstico de perimenopausia en estudios de laboratorio, sino en los síntomas, la edad de la paciente y la exclusión de otras condiciones que pueden provocar manifestaciones similares.
De hecho, así como puede ser ignorada, otro error común es atribuir cualquier cambio físico o emocional a la perimenopausia. Fatiga, aumento de peso, irregularidades menstruales o problemas de concentración también pueden estar relacionados con alteraciones tiroideas, resistencia a la insulina u otros trastornos metabólicos.
“Hay pacientes que dicen: ‘Me falta energía, estoy subiendo de peso’. Su problema no siempre es la perimenopausia, puede ser la glucosa, la insulina y la tiroides”, explica Haiek.
Al ser la perimenopausia una etapa sin un marcador biológico único y un diagnóstico dependiente de síntomas y evaluación clínica, no existen datos precisos sobre cuántas mujeres atraviesan esta etapa. No obstante, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se proyecta que la población mundial de mujeres menopáusicas y posmenopáusicas aumentará a 1,200 millones en 2030.
¿Necesito terapia hormonal para atravesar la perimenopausia?
A medida que la conversación sobre la perimenopausia ha ganado visibilidad en redes sociales, también han proliferado mensajes contradictorios sobre los tratamientos hormonales. Mientras algunas influencers de salud femenina presentan las hormonas como la solución definitiva, otras las describen como una amenaza.
Muchas de estas terapias se promocionan bajo términos como “hormonas bioidénticas”, “hormonas naturales” o “terapias hormonales personalizadas”. Sus defensores suelen presentarlas como una alternativa más segura a los tratamientos hormonales convencionales, argumentando que pueden ajustarse a las necesidades específicas de cada paciente.
“La terapia hormonal es una gran herramienta, pero no es la única”, indica la doctora Covarrubias Haiek. Según la especialista, ambas posturas simplifican demasiado una realidad que debe analizarse caso por caso. Aunque la terapia hormonal puede ser una herramienta eficaz para aliviar síntomas como los bochornos, la resequedad vaginal o los trastornos del sueño, no es la única opción disponible ni todas las pacientes la necesitan.
Organizaciones médicas como el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) y The Menopause Society han señalado que no existe evidencia suficiente para afirmar que las hormonas bioidénticas elaboradas de forma personalizada sean más seguras o más efectivas que las terapias hormonales aprobadas y reguladas.
“Yo prefiero irme a la dosis que sé que han estudiado en miles y miles de mujeres y no les aumentó los riesgos”, dice Haiek. Además, rechaza la idea de que las hormonas “sintéticas” sean peligrosas por definición. “Lo único que significa es que están hechas en un laboratorio”, explica. Agrega que estas son administradas bajo supervisión médica y a pacientes cuyos casos hayan sido previamente evaluados.
El cerebro de las hembras tiene una región específica de células que se activa fuera de su ventana fértil y que incentiva el rechazo sexual.
¿Existe una nueva sexualidad después de los 40?
Más allá de la resequedad vaginal o los cambios en la libido, especialistas señalan que la perimenopausia puede transformar la forma en que una mujer experimenta el sexo. No se trata del fin de la vida sexual, sino de una reconfiguración que obliga a abandonar muchas ideas preconcebidas sobre el envejecimiento femenino.
“Nos asusta pensar en la perimenopausia porque pensamos que la vida sexual es estática. En lugar de pensar que otras cosas pueden estar impactando mi deseo sexual, la angustia viene de que antes me gustaba algo y ahora ya no”, explica Ivanna Maupomé, médica y sexóloga.
La transformación comienza con las mismas hormonas que participan en otras áreas del cuerpo. A medida que disminuyen los niveles de estrógeno, progesterona y testosterona, también cambian la forma en que se experimenta el deseo sexual, la excitación y el orgasmo. Lo que antes despertaba interés puede dejar de hacerlo, mientras que nuevas fantasías, estímulos o formas de placer comienzan a ocupar su lugar.
Uno de los cambios más frecuentes ocurre en la lubricación. La disminución de estrógenos puede provocar resequedad vaginal y dolor durante la penetración, una experiencia que muchas mujeres intentan evitar y que termina afectando también el deseo sexual. Sin embargo, Maupomé advierte que la sexualidad no se reduce a la penetración ni a la capacidad reproductiva.
Las zonas erógenas pueden cambiar, la sensibilidad genital se modifica e incluso la experiencia orgásmica puede sentirse distinta durante esta etapa. “Es prácticamente como en la pubertad, que estás descubriendo qué te gusta, qué no, con qué fantaseas. Tienes un lienzo en blanco y ahora puedes inventarte una nueva sexualidad después de los 40”, comenta Maupomé.
Lejos de representar un deterioro, estos cambios pueden convertirse en una oportunidad de autoconocimiento, en parte porque muchas mujeres desarrollan una mayor confianza para comunicar sus deseos, establecer límites y pedir aquello que les genera placer. “Ya sé qué me gusta, ya encontré mi voz erótica y sexual”, expone la especialista.
Para Maupomé, el principal reto no es la transformación en sí misma, sino la narrativa que la rodea. Durante décadas, la menopausia y la perimenopausia se han asociado con el fin de la fertilidad y, por extensión, con el fin de la sexualidad.
“La gente tiene mucho miedo de crecer. Piensan: ‘Una vez que ya no soy fértil o pierdo mi capacidad reproductiva, ya no puedo ser deseada’. Pero la gente tiene sexo hasta que se muere”.
¿Cómo hago que la transición a la menopausia sea más amable?
Aunque la perimenopausia es una etapa inevitable, eso no significa que deba vivirse desde el sufrimiento. Tanto Haiek como Maupomé coinciden en que una transición más amable depende menos de encontrar una solución milagrosa y más de adoptar una visión integral de la salud.
La recomendación comienza por lo básico, es decir, alimentación, ejercicio, descanso y manejo del estrés. Haiek explica que mantener un peso saludable y realizar actividad física de manera constante puede ayudar a reducir algunos de los síntomas más frecuentes, además de proteger la salud cardiovascular y ósea durante una etapa en la que los estrógenos dejan de ejercer parte de esa función protectora.
“Sabemos científicamente que una mejor transición va con los hábitos”, afirma la especialista.
Desde su trinchera, Maupomé defiende que la salud sexual y emocional también forman parte de la ecuación. Dormir bien, mantenerse activa, atender la salud mental y reservar espacios para el placer y la autoexploración puede influir en la forma en que se experimenta esta transición.
Quizá el problema nunca fue la perimenopausia en sí, sino la manera en que aprendimos a hablar de ella. Durante décadas se presentó como el inicio del fin, cuando en realidad puede ser una etapa de transformación, redescubrimiento y adaptación.
Haiek lo resume mejor que nadie. “La menopausia tiene una pésima agencia de marketing. Te dicen que eres un grinch bochornoso que va en camino a la muerte, cuando en realidad es consecuencia de cumplir años, y es mejor noticia llegar a la menopausia que no llegar”.
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