Apple tiene un plan para su problema de memoria. El único problema es que pasa por una empresa en la lista negra de EEUU, según FT
Como hemos visto, lo que hay detrás no es solo una subida aislada de precios, sino un cambio de prioridades. La fiebre por la IA ha colocado a la memoria avanzada en el centro del negocio de los centros de datos, especialmente la HBM, necesaria para alimentar aceleradores y servidores de alto rendimiento. Esa demanda ha contribuido a una escasez prolongada de memoria tradicional para electrónica de consumo. Por eso el problema se siente en productos muy distintos: no porque todos usen la misma memoria, sino porque compiten, directa o indirectamente, por una capacidad industrial limitada.
En Apple, esa presión ha terminado llegando al escaparate. La compañía elevó alrededor de un 20% los precios de MacBooks e iPads y atribuyó el movimiento a unos precios de memoria “insostenibles”. El mismo medio sostiene que la decisión tuvo un impacto bursátil inmediato: 263.000 millones de dólares menos de capitalización, la segunda mayor caída diaria de Apple. Conviene leer esas cifras juntas, porque cuentan algo más amplio que una subida concreta: cuando la memoria se dispara, incluso una empresa acostumbrada a proteger sus márgenes empieza a trasladar tensión al producto final.
La expresión “lista negra” ayuda a entender la gravedad del asunto, pero puede llevar a una conclusión demasiado rápida. CXMT está en la lista 1260H del Pentágono por sus presuntos vínculos con el Ejército Popular de Liberación, una etiqueta muy sensible en plena rivalidad tecnológica entre EEUU y China. Sin embargo, según Financial Times, esa designación no impide automáticamente que Apple compre chips a CXMT o a YMTC.
El asunto es lo que ocurriría si EEUU endurece la posición después. El periódico económico británico cuenta que el Departamento de Comercio ya había incluido a CXMT en un paquete de compañías chinas candidatas a entrar en la Entity List, una lista comercial mucho más restrictiva, pero que la Casa Blanca pidió esperar por las negociaciones con Pekín. Ese antecedente explica por qué la compañía querría una señal política antes de moverse. No basta con que una puerta esté abierta hoy si mañana puede cerrarse con Apple dentro.
John Moolenaar, presidente republicano del comité de la Cámara sobre China, dijo al mismo diario que asociarse con una compañía militar china sería “un grave error”. También sostuvo que ayudar al “Partido Comunista Chino” a dominar cadenas de suministro críticas haría a la economía y a la industria tecnológica de EEUU más dependientes de China. La frase resume bien el conflicto: para Apple puede ser una salida de suministro, pero para parte de Washington sería una concesión estratégica.
No sería la primera vez que Apple se encuentra en una posición parecida. En 2022, la compañía ya recibió críticas cuando estudió comprar chips de memoria a YMTC para iPhones destinados al mercado chino. Entonces, Marco Rubio, que era el republicano de mayor rango en el comité de Inteligencia del Senado, dijo al mismo medio que Apple estaba “jugando con fuego”. También advirtió de que la empresa se expondría a un nivel de escrutinio federal inédito si seguía adelante. Aquel episodio funciona ahora como precedente: la memoria china no es un asunto nuevo para Apple, pero el contexto es más tenso.
La paradoja es que todo esto nace de un componente que durante años parecía condenado a pasar desapercibido. La memoria estaba ahí, dentro de los dispositivos, como una parte más de la ficha técnica, hasta que la IA, la escasez, los precios y la rivalidad entre EEUU y China la han convertido en una pieza mucho más visible. Apple busca margen en un mercado cada vez más estrecho, pero la posible salida también tiene un precio estratégico. Y eso resume bien el momento: incluso los componentes más silenciosos pueden acabar en el centro de una disputa global.
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En Xataka | Creíamos que habíamos pasado lo peor de la crisis de las memorias. Estábamos totalmente equivocados
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