Hace 23 años un Boeing 727 abandonó la pista sin autorización. Lo que ocurrió después sigue siendo un enigma
La búsqueda tampoco cerró el caso. De ella participaron organismos estadounidenses como el FBI, la CIA, el Departamento de Estado, Homeland Security y CENTCOM, y que las embajadas de EEUU en África recibieron avisos para vigilar un avión que necesitaba una pista larga para aterrizar. En las semanas posteriores, y también con los años, circularon teorías: una caída al mar, un aterrizaje en otro aeródromo, un despiece para vender componentes o incluso su uso en rutas irregulares.
Una pista de un 727 repintado en Conakry, Guinea, pareció prometedora en julio de 2003, pero las autoridades estadounidenses acabaron descartándola. También se examinó una posible conexión terrorista, en plena sensibilidad posterior al 11-S. Era un temor lógico para los servicios de inteligencia occidentales en aquel momento, pero The Washington Post y ABC News coinciden en que no aparecieron pruebas que sostuvieran esa hipótesis.
Ahí está, precisamente, lo que mantiene vivo el enigma 23 años después. No hay un aterrizaje confirmado, restos identificados, piezas vinculadas de forma pública al N844AA ni un registro de mantenimiento o de venta de componentes que permita reconstruir su destino. Si algún día aparece una respuesta, probablemente no será el avión entero: será un fragmento, un documento o un número de pieza capaz de darle, por fin, un lugar en el mapa.
Imágenes | JetPix
Fuente: Artículo original