Un joven planeta vecino a la Tierra se destruyó antes de terminar de formarse y ahora hemos encontrado un trozo en el Sáhara
Una angrita especialmente rara. El análisis inicial de este meteorito indicó que se trata de una angrita. Este es un tipo de roca muy poco común entre los meteoritos. De hecho, se calcula que de los 80.000 que se han registrado solo 68 son angritas. Son meteoritos raros, porque contienen muy poco sílice, un material muy abundante en planetas rocosos como la Tierra.
Inicialmente, se pensaba que las angritas eran fragmentos de asteroides. Sin embargo, en este caso es doblemente rara, porque también contiene clinopiroxeno, un cristal muy común en la corteza y el manto terrestres. Por si eso no fuese poco, dicho clinopiroxeno es rico en formas CaTs, una “versión” de este mineral en el que un átomo de magnesio y otro de silicio se sustituyen por dos átomos de aluminio. Es un proceso que para producirse necesita condiciones muy altas de presión.
Un origen de gran tamaño. Según las reconstrucciones computacionales que se han llevado a cabo, para generar tal cantidad de CaTs sería necesario que este objeto estuviese sometido a una presión de 17,5 kilobares. Es algo inmenso. Para hacernos una idea, en lo más profundo de la Fosa de las Marianas apenas se alcanza un kilobar. Esta presión no podría originarse en el interior de un asteroide. Según los cálculos realizados por estos científicos, haría falta un objeto de al menos 2.000 kilómetros de diámetro.
Incluso más. Otro dato relevante de este meteorito es que tiene bordes afilados y unos patrones químicos que se habrían borrado si se hubiese originado a mucha profundidad dentro de su cuerpo progenitor. Eso nos indica que dicho cuerpo es inmenso, ya que lo que es poca profundidad relativa en comparación a su tamaño en realidad es una gran profundidad en términos de presión. Por lo tanto, los 2.000 kilómetros se quedarían cortos. Estaríamos más bien ante unos 3.600 kilómetros de diámetro, aproximadamente el de la Luna. Algunas estimaciones apuntarían a algo aún más grande, como Marte, pero en principio cuadran las dimensiones de la Luna.
Muy distinto a la Tierra. Los protoplanetas son planetas en nacimiento. Deben seguir colisionando y fusionando material a su alrededor para terminar de constituirse como planetas. El objeto que originó este meteorito no llegó a hacerlo. Pero sí que debió formar parte de los albores del Sistema Solar. Gracias a él, sabemos que, al principio, la composición de los planetas rocosos sería muy distinta a la que tiene la Tierra. Algo debió modificarse con el tiempo. Sería ideal analizar más meteoritos, pues debe haber otros como NWA 12774. El problema es que habrá que ir desempolvando esos cajones abandonados para encontrarlos.
Imagen | John Kashuba
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