He vuelto a jugar en PS5 al ‘primo de God of War’ y tengo un problema: lo recomendaría, pero 128 millones de jugadores han salido perdiendo
No obstante, sí hay una adición nueva y, a la vez, una ausencia dolorosa: tenemos un modo foto al que podemos acceder en cualquier momento del juego, pero a THQ Nordic se le ha olvidado el HDR. En este caso, podemos arriesgarnos a forzar el Alto Rango Dinámico en ambas consolas de la actual generación desde sus propios ajustes, pero no vamos a conseguir una experiencia óptima, como ocurre en todos los juegos que funcionan así. Desde sombras “aplastadas” hasta una menor calidad general de imagen, es imposible jugarlo con HDR se mire por donde se mire. Es una pena que tampoco se hayan actualizado las cinemáticas del comienzo, renderizadas a 1080p como el juego original y con un acabado pobre en sistemas que ejecutan cuatro veces más píxeles que el clásico FullHD.
Lejos de esto, esta segunda versión del juego de 2010 sí llega con lo que creo que son suficientes cambios como para que, si hace ocho años, cuando llegó a PS4, Xbox One y PC, lo jugaste, le des una nueva oportunidad. Sobre el papel, la nueva versión incluye resolución 4K nativa en ambas consolas —en PS4 Pro la remasterización anterior funcionaba a esa resolución, aunque escalada—, sin modos gráficos alternativos, así como una tasa de 60 imágenes por segundo tanto en PlayStation como en Xbox. Aun así, el framerate en PS5 es algo áspero, con pequeñísimas caídas de FPS en ciertas secuencias con muchos efectos visuales, algo que supongo que se deberá a un error en la simulación de las físicas más que a un problema de la propia consola.
En el apartado visual, las mejoras no son tan grandes en volumen, pero sí ofrecen un mejor aspecto al juego. Aunque esto no lo menciona el equipo en su lista de mejoras, la versión Warmastered Edition de nueva generación trata mejor las texturas y el agua. De hecho, a esto último se añade un mejor contraste, reduciendo el tono apagado del original sin desmerecer al conjunto. En cuanto a las texturas, tanto el suelo como las estructuras y los personajes lucen muchísimo mejor, combinando una mejora en la resolución —ahora se reproducen a 2160p— con una mayor nitidez para dar un acabado que, a simple vista, puede hacer pensar que el equipo ha cambiado la totalidad de las texturas cuando, en realidad, simplemente les está sacando ahora el máximo partido. Asimismo, las superficies acuosas no han cambiado sus físicas, pero sí tienen un mayor realismo en este remaster.
Y es que no puedo sino destacar abiertamente el trabajo hecho al reducir el contraste del juego. Puede llegar a lucir algo iluminado de forma artificial en ciertas zonas interiores, pero se trata simplemente de un mejor equilibrio entre negros y blancos que acaba dándole un acabado menos pobre que en su versión previa. El motivo es simple: un mayor contraste apaga muchas de las texturas, afecta a la nitidez y al acabado general. De ahí que la mayoría de Reshades para PC de juegos clásicos no sean sino simples versiones con la barra de contraste subida al máximo, porque suele asociarse un mayor contraste con una mejor estética, y nada más lejos de la realidad.
Por lo demás, no hay mejoras destacables a simple vista, a decir verdad. Ni una mayor teselación ni un mayor número de elementos en pantalla, como hierba, coches o enemigos. Es cierto que cualquiera puede argumentar que las mejoras son casi anecdóticas, pero es el conjunto el que sale beneficiado. También hay ligeros ajustes tanto en los controles, algo más reactivos, como en las cargas desde el menú de inicio, que son prácticamente inexistentes. Es cierto que siento que podría haber una versión para 120 Hz en monitores o televisores compatibles con HDMI 2.1, pues ambas consolas podrían ofrecer el juego a esa tasa, pero quizá sea pedir demasiado.
El problema es: ¿qué conclusión se le puede dar al remaster de un remaster? Tras jugar a Darksiders de nuevo después de 16 años —ya que la primera actualización la esquivé—, la experiencia es superior. Luce mejor, es más accesible y, de base, el hack and slash sigue siendo recomendable. Sin embargo, exigir un pago por un remaster al dar el salto de PS4 a PS5, impidiendo que los jugadores puedan comprar el juego original más barato en formato físico que lo que cuesta la versión de PS5, es una práctica que divide a los consumidores, sea de quien sea la culpa. Por eso, lo lógico es afirmar lo siguiente: si, como yo, no lo has jugado desde 2010, la versión actual vale la pena. Si tienes PC o Xbox Series y ya habías comprado el juego, también merece la pena rejugar este clásico.
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