Del “nosotros ganamos” al “ellos perdieron”: así reacciona el cerebro de los aficionados al futbol
Asimismo, cuando el equipo favorito pierde, la tolerancia a la frustración suele reducirse, lo que puede traducirse en irritabilidad, desmotivación y dificultades en la comunicación interpersonal. En algunos casos, estos efectos persisten más allá de la duración del torneo.
La académica subrayó que el Mundial debe entenderse como un evento deportivo y no como una cuestión de vida o muerte. Advirtió que las personas que ya padecen depresión pueden experimentar un agravamiento de sus síntomas tras una derrota deportiva o debido a pérdidas económicas derivadas de las apuestas, situación que incluso podría favorecer la aparición de pensamientos de autolesión.
Por ello, Villavicencio-Ayub considera fundamental prestar atención a familiares, amigos o personas cercanas que presenten señales de riesgo emocional durante este tipo de competencias.
Además, sugirió que las empresas permitan a sus trabajadores seguir los encuentros de manera organizada y habiliten espacios comunes para ver los partidos. A su juicio, estas medidas pueden contribuir a mantener la productividad, fortalecer la convivencia y reducir los niveles de ansiedad, ya que las experiencias compartidas favorecen la liberación de oxitocina, hormona asociada con la confianza, la empatía y la cohesión social.
Villavicencio-Ayub también recomendó mantener conductas responsables durante el Mundial. Entre ellas destacó evitar el endeudamiento relacionado con apuestas o gastos excesivos, debido a que los problemas financieros pueden afectar tanto la salud mental como la física. Asimismo, insistió en la importancia de no conducir bajo los efectos del alcohol y reforzar las medidas de seguridad, especialmente para mujeres y niños.
Finalmente, la especialista enfatizó que este torneo debe asumirse en su justa dimensión. Un partido perdido, concluyó, “no es el fin del mundo”.
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