Los agujeros negros no solo tienen hijos, sino también tienen nietos
El catálogo también incluye la señal de ondas gravitacionales más clara registrada hasta ahora para una fusión de agujeros negros de masa estelar. Dos objetos, con 32 y 34 veces la masa del Sol, chocaron a más de mil millones de años luz. La nitidez de la señal permitió comparar el estado del espacio‑tiempo antes y después de la fusión con una precisión inédita.
Finalmente, la red de detectores logró ubicar el origen de una fusión a más de 3 mil millones de años luz en una región diminuta del cielo. Es la localización más precisa que ha conseguido la astronomía de ondas gravitacionales.
Los científicos celebran estos avances. Después de todo, no solo se trata de detectar las perturbaciones en el tejido espacio-tiempo del universo, también es necesario eliminar el “ruido” que viene de todos lados. El análisis y confirmación de las ondas requiere un extenuante trabajo tecnológico.
Durante años, los astrónomos estudiaron los agujeros negros de uno en uno. Las ondas gravitacionales cambiaron esa escala. Ahora pueden analizarlos por cientos. Con suficiente volumen y masa crítica, la ciencia puede identificar patrones, reconstruir poblaciones enteras y acercarse a los límites de la física contemporánea.
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