Hace 2.000 años alguien metió la pata en una fundición. Gracias a ella hemos descubierto un taller romano escondido en Alemania
En detalle. El equipo, dirigido por Sebastian Magnus Sonntag, documentó que allí había fragmentos cerámicos de tradición prerromana y numerosos fragmentos pequeños de plomo relacionados con el proceso de obtención del metal, además de una base construida con losas de piedra dispuestas con cuidado.
Tanto esas losas como el suelo arcilloso que había debajo mostraban señales de fuego y calor y en los huecos entre piedras había restos de carbón vegetal, todavía por analizar, pero la hipótesis del equipo apunta a que ese lugar era un punto de tostado: allí se calentaba la galena (el sulfuro de plomo más común en la región) junto con carbón vegetal para reducir su contenido de azufre para después fundir el metal resultante y verterlo en moldes y obtener lingotes como el encontrado.
Sí, pero. La excavación apenas duró un par de semanas y las conclusiones todavía son preliminares, pero hay algunas cosas que todavía no cuadran: los fragmentos cerámicos apuntan probablemente al inicio de la época imperial romana, pero es una datación relativa y no absoluta. La clave estará en la datación de los restos de carbono vegetal. Pero la gran duda de fondo era quién trabajaba el metal allí: si eran romanos, germanos o artesanos locales en contacto con tecnología romana.
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