{"id":4167,"date":"2026-08-12T03:30:19","date_gmt":"2026-08-12T03:30:19","guid":{"rendered":"https:\/\/tucumandevelopers.com\/index.php\/2026\/08\/12\/bienvenidos-a-la-era-de-la-computacion-hecha-con-cerebros-de-verdad\/"},"modified":"2026-08-12T03:30:19","modified_gmt":"2026-08-12T03:30:19","slug":"bienvenidos-a-la-era-de-la-computacion-hecha-con-cerebros-de-verdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tucumandevelopers.com\/index.php\/2026\/08\/12\/bienvenidos-a-la-era-de-la-computacion-hecha-con-cerebros-de-verdad\/","title":{"rendered":"Bienvenidos a la era de la computaci\u00f3n hecha con cerebros de verdad"},"content":{"rendered":"<div>\n<div>\n<div data-journey-hook=\"grid-wrapper\" data-testid=\"BodyWrapper\">\n<p>Muotri es un hombre brasile\u00f1o apuesto, con el bronceado de un surfista y el perfil aquilino de un personaje de una antigua moneda romana. Durante la \u00faltima d\u00e9cada, su laboratorio ha ampliado de forma espectacular el alcance de la investigaci\u00f3n con organoides cerebrales. \u00c9l y sus colegas han revivido material gen\u00e9tico procedente de los f\u00f3siles de hom\u00ednidos para crear organoides cerebrales \u201cneandertalizados\u201d. Han enviado organoides a la Estaci\u00f3n Espacial Internacional para estudiar c\u00f3mo afecta la radiaci\u00f3n c\u00f3smica al cerebro de los astronautas. Pero el tema que m\u00e1s le preocupa a Muotri es <a href=\"https:\/\/es.wired.com\/articulos\/autismo-podria-diagnosticarse-anticipadamente-test-rapido-microbioma\">el autismo<\/a>. Su hijo, de 18 a\u00f1os, es autista y recibe cuidados las 24 horas del d\u00eda. Mediante el estudio de organoides cerebrales cultivados a partir de c\u00e9lulas de donantes con autismo (entre ellos su hijo), espera identificar en qu\u00e9 se diferencia el desarrollo neuronal de los ni\u00f1os con autismo del de sus compa\u00f1eros neurot\u00edpicos.<\/p>\n<p>No se trata de un procedimiento invasivo. Para crear un organoide cerebral, solo se necesita esa muestra de piel que mencion\u00e9 antes. (Tambi\u00e9n sirven muestras de sangre, pelo o dientes.) Se toman las c\u00e9lulas adultas y se les a\u00f1aden unas prote\u00ednas especiales que las devuelven a su estado embrionario. Al tener una segunda oportunidad para madurar, estas llamadas c\u00e9lulas madre pluripotentes inducidas pueden convertirse en cualquier cosa: organoides de gl\u00e1ndulas lagrimales que lloran, organoides card\u00edacos que laten u organoides cerebrales que\u2026 bueno, esa es la pregunta que se hacen.<\/p>\n<h2>La caja negra<\/h2>\n<p>El desarrollo cerebral intrauterino es, como me dijo un bioeticista, \u201cuna caja negra\u201d del conocimiento cient\u00edfico. Hist\u00f3ricamente, gran parte de lo que sabemos al respecto se deduce de estudios con ratones. Pero con un organoide, la transformaci\u00f3n de las c\u00e9lulas madre en neuronas y, posteriormente, en tejido cerebral, se produce a la vista de todos. En teor\u00eda, los cient\u00edficos podr\u00edan estudiar alg\u00fan d\u00eda c\u00f3mo una colonia de c\u00e9lulas en divisi\u00f3n se une para crear una mente; para formar, a partir de 86,000 millones de neuronas, a una persona llamada Alysson Muotri, por ejemplo.<\/p>\n<div data-testid=\"GenericCallout\">\n<figure>\n<p><span><picture><\/picture><\/span><\/p>\n<p><span><\/p>\n<p>Los organoides cerebrales son fragmentos de tejido cultivado en laboratorio del tama\u00f1o de un cuarto de cacahuate.<\/p>\n<p> <\/span><span>FOTOGRAF\u00cdA CORTES\u00cdA DE CORTICAL LABS<\/span><\/p>\n<\/figure>\n<figure>\n<p><span><picture><\/picture><\/span><\/p>\n<p><span><\/p>\n<p>Un prototipo de \u201cbiochip\u201d de Johns Hopkins que integra organoides y <em>hardware<\/em>.<\/p>\n<p> <\/span><span>FOTOGRAF\u00cdA CORTES\u00cdA DE LA Universidad Johns Hopkins<\/span><\/p>\n<\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n<div data-journey-hook=\"grid-wrapper\" data-testid=\"BodyWrapper\">\n<p>O a otra llamada Claire L. Evans (la autora de este art\u00edculo), que en este momento se asoma por encima del hombro de Muotri para contemplar boquiabierta, bajo el microscopio, una placa con peque\u00f1os cerebros flotando. A simple vista, los organoides no son nada llamativos; son opacos, y tienen aproximadamente el tama\u00f1o y la forma de una semilla de ch\u00eda. Los organoides de Muotri contienen 5 millones de c\u00e9lulas, de las cuales 2.5 millones son neuronas. (El resto son c\u00e9lulas gliales no neuronales, que sirven de andamio). El organoide tiene, seg\u00fan me asegura, el tama\u00f1o del cerebro de una abeja. Sospecho que esta es su forma de mitigar cualquier repulsi\u00f3n \u00e9tica que yo pueda sentir. Aunque cada vez hay m\u00e1s pruebas de que los insectos son seres sensibles, la investigaci\u00f3n con invertebrados sigue estando exenta de las leyes federales de bienestar animal. Como me dijo John Evans, soci\u00f3logo y codirector del Instituto de \u00c9tica Pr\u00e1ctica de la UCSD, cuando me acerqu\u00e9 a su despacho en busca de una perspectiva humanista: \u201cNo hace falta pedir permiso para torturar a tantas moscas como quieras\u201d.<\/p>\n<p>Por ahora, tampoco se necesita permiso para torturar a los organoides cerebrales. Desde una perspectiva bio\u00e9tica, no son personas; ni siquiera son animales. Si alg\u00fan d\u00eda los organoides pasan del tama\u00f1o de una abeja al de un rat\u00f3n, este protocolo tendr\u00eda que evolucionar. El problema es que nadie sabe muy bien d\u00f3nde trazar la l\u00ednea. La sensibilidad no es precisamente un concepto establecido; ni siquiera est\u00e1 claro si se puede tener sensibilidad sin un cuerpo o una experiencia sensorial del mundo. Y ni se te ocurra llamar <a href=\"https:\/\/es.wired.com\/articulos\/insectos-y-moluscos-tienen-conciencia\">&#8220;conciente&#8221;<\/a> a un organoide. \u201cImagina que te hubieras pasado toda la vida en un tubo de cristal: \u00bfser\u00edas siquiera capaz de considerar lo que tienes como conciencia?\u201d, me pregunt\u00f3 Evans. \u201cLos fil\u00f3sofos de la mente te dir\u00e1n que lo que llamamos conciencia no es posible sin experiencias\u201d. Para crear un organoide conciente, a\u00f1adi\u00f3, \u201cprimero hay que conseguir que los organoides tengan experiencias\u201d.<\/p>\n<p>Esto no es imposible. Todos hemos visto <em>The<\/em> <em>Matrix.<\/em> Para el cerebro, el vertiginoso recorrido de la vida no es m\u00e1s que una sucesi\u00f3n de impulsos qu\u00edmicos y el\u00e9ctricos. Para proporcionar una \u201cexperiencia\u201d a un organoide, lo \u00fanico que Muotri tiene que hacer es esto: extraer uno de su gel amni\u00f3tico, colocarlo sobre una l\u00e1mina conductora de <a href=\"https:\/\/es.wired.com\/articulos\/si-es-probable-que-thomas-alva-edison-produjera-grafeno-en-1879\">grafeno<\/a> y (sin andarse con rodeos) darle una descarga.<\/p>\n<h2>\u00bfA los organoides les gusta que les den una descarga?<\/h2>\n<p>Muotri no est\u00e1 seguro. Lo que s\u00ed sabe es que responden a las se\u00f1ales el\u00e9ctricas, las recuerdan y, con el tiempo, llegan a anticiparlas. Para \u00e9l, eso es una prueba de que est\u00e1n madurando, convirti\u00e9ndose en modelos m\u00e1s \u00fatiles del desarrollo humano. Pero para otros investigadores, esta comunicaci\u00f3n el\u00e9ctrica representa algo completamente distinto: que la materia viva, al igual que una computadora, es programable. Y aqu\u00ed es donde las cosas se ponen realmente extra\u00f1as.<\/p>\n<p>Son las 15:30 h en Los \u00c1ngeles, lo que significa que en Australia ya es ma\u00f1ana por la ma\u00f1ana. Estoy sentada en la escalera de incendios de mi edificio de oficinas, fij\u00e1ndome en una cuadr\u00edcula de 59 cuadrados en la pantalla de mi <em>laptop<\/em>. Me dijeron que cada uno de los cuadrados representa un electrodo en el laboratorio de Melbourne de la <em>startup<\/em> de bioinform\u00e1tica Cortical Labs. Y en cada uno de esos electrodos hay un min\u00fasculo cultivo de neuronas humanas vivas. En este momento, mi pantalla est\u00e1 registrando picos fugaces procedentes de esas neuronas: la actividad espont\u00e1nea de la materia cerebral en el vac\u00edo. Hago clic en un cuadrado, enviando un saludo el\u00e9ctrico a unas neuronas situadas a casi 13,000 kil\u00f3metros de distancia (8,000 millas). En respuesta, los 59 electrodos emiten un pico al un\u00edsono.<\/p>\n<\/div>\n<div data-journey-hook=\"grid-wrapper\" data-testid=\"BodyWrapper\">\n<p>Por un instante, me embarga una sensaci\u00f3n de nuevo poder. Hago clic aqu\u00ed y all\u00e1, haciendo que esas neuronas lejanas se agiten; mi pantalla se llena de los picos y valles de sus pulsos el\u00e9ctricos. Paso ahora a la p\u00e1gina de los par\u00e1metros ambientales de las neuronas. Si quisiera, podr\u00eda bajar su temperatura interna o alterar dr\u00e1sticamente su mezcla precisa de ox\u00edgeno y CO<sub>2<\/sub>. Si lo hiciera, sin duda morir\u00edan. Se trata de uno de los cambios de paradigma m\u00e1s significativos que puedo imaginar en el \u00e1mbito de la inform\u00e1tica: por mucho que estropees tu c\u00f3digo, lo que hay en la computadora no suele \u201cmorir\u201d en la vida real.<\/p>\n<p>Pero esa es la realidad de la \u201cNube Cortical\u201d (Cortical Cloud), de Cortical Labs. En Melbourne, Cortical Labs mantiene cultivos neuronales planos (las c\u00e9lulas madre fueron donadas por el propio fundador de la empresa) y los introduce en elegantes \u201ccomputadoras\u201d biol\u00f3gicas blancas llamadas CL-1. Cada una tiene el tama\u00f1o de una tostadora alargada y cuenta con un sistema de soporte vital integrado capaz de mantener con vida un cultivo de hasta un mill\u00f3n de neuronas durante seis meses. Con la computadora CL-1, Cortical Labs aspira a convertirse en la Nvidia de la computaci\u00f3n neuronal, proporcionando <em>hardware<\/em> y, digamos, \u201cneuronas como servicio\u201d con una latencia inferior a un milisegundo.<\/p>\n<p>Por ahora, estas computadoras neuronales despiertan principalmente el inter\u00e9s de los investigadores que desean trabajar con neuronas. Esto sin tener que encargarse ellos mismos de las tediosas tareas de cultivo en el laboratorio h\u00famedo. Sin embargo, a largo plazo, la empresa espera que las neuronas demuestren ser un sustrato resistente y energ\u00e9ticamente eficiente. Tendr\u00eda aplicaciones inform\u00e1ticas m\u00e1s generales, incluidas algunas tareas que actualmente gestiona la IA, como el reconocimiento y la clasificaci\u00f3n de im\u00e1genes.<\/p>\n<p>\u201cCuando piensas en lo que esperas de la IA, lo que buscas es biolog\u00eda\u201d, se\u00f1al\u00f3 Brett Kagan, director de operaciones de Cortical Labs, cuando habl\u00e9 con \u00e9l por Zoom. \u201cQuieres que sea capaz de autorrepararse en la medida de lo posible. Quieres que sea adaptable. Quieres que tenga una larga vida \u00fatil. Quieres que sea eficiente desde el punto de vista energ\u00e9tico. Todas esas propiedades vienen incorporadas en los sistemas biol\u00f3gicos\u201d.<\/p>\n<figure>\n<p><span><picture><\/picture><\/span><\/p>\n<p><span><\/p>\n<p>Brett Kagan, de Cortical Labs, cree que sus cultivos neuronales exhiben una forma de &#8220;sintiencia&#8221;.<\/p>\n<p> <\/span><span>FOTOGRAF\u00cdA CORTES\u00cdA DE CORTICAL LABS<\/span><\/p>\n<\/figure>\n<h2>Inteligencia rebelde<\/h2>\n<p>Kagan es padre desde hace poco; mientras habl\u00e1bamos, su hijo peque\u00f1o armaba alboroto de fondo. No es ajeno a las formas de inteligencia j\u00f3venes y rebeldes. En 2022, utilizando un sistema similar al que actualmente alimenta la Cortical Cloud, Kagan cultiv\u00f3 un sistema neuronal en un microchip y lo entren\u00f3 para jugar <em>Pong<\/em>, el juego de Atari de 1972, recompensando a las neuronas con impulsos el\u00e9ctricos predecibles cuando tomaban decisiones correctas y castig\u00e1ndolas con r\u00e1fagas ca\u00f3ticas cuando comet\u00edan errores.<\/p>\n<p>La t\u00e9cnica sirvi\u00f3 como prueba de concepto m\u00ednima para una teor\u00eda, propuesta por el neurocient\u00edfico <a href=\"https:\/\/es.wired.com\/articulos\/axiom-alternativa-a-las-redes-neuronales-promete-revolucionar-la-ia\">Karl Friston<\/a>, seg\u00fan la cual los sistemas biol\u00f3gicos autoorganizados tienden a minimizar la sorpresa siempre que sea posible. Al demostrar que las neuronas se reorganizan para evitar est\u00edmulos ca\u00f3ticos, Cortical Labs puso de manifiesto un posible enfoque para programar la materia viva. Pero el experimento tambi\u00e9n indic\u00f3 que la CL-1 podr\u00eda considerarse una plataforma de <em>hardware<\/em> para poner a prueba teor\u00edas de la cognici\u00f3n. \u201cNo pretendo que lo que hacemos suene tan grandioso\u201d, me coment\u00f3 Kagan, \u201cpero dir\u00eda que la CL-1 es para la neurociencia te\u00f3rica lo que el Gran Colisionador de Hadrones fue para la f\u00edsica te\u00f3rica\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div data-journey-hook=\"grid-wrapper\" data-testid=\"BodyWrapper\">\n<p>Hay que reconocer que a Kagan le gustan las afirmaciones grandilocuentes. En el art\u00edculo sobre <em>Pong<\/em>, \u00e9l y sus colegas aseguraron que las neuronas, \u201cincorporadas\u201d al juego, mostraban una forma de sintiencia o sensibilidad. Muchos miembros de la comunidad investigadora se mostraron reacios a este uso tan desenfadado del lenguaje. Una respuesta especialmente pol\u00e9mica, publicada en la revista <em>Neuron<\/em>, acus\u00f3 a Cortical Labs de \u201capropiarse indebidamente\u201d del concepto mismo de conciencia.<\/p>\n<p>Pero, como me explic\u00f3 m\u00e1s tarde Alon Loeffler, cient\u00edfico de Cortical Labs, nuestros cerebros est\u00e1n inmersos en un entorno, y responder a ese entorno en tiempo real es lo que hacen los cerebros: para eso sirven. Dado que las neuronas en una placa de cultivo no se benefician de esos constantes bucles de retroalimentaci\u00f3n entre acci\u00f3n y experiencia, el juego llena ese vac\u00edo. &#8220;Un juego no es m\u00e1s que una versi\u00f3n del mundo&#8221;, se\u00f1al\u00f3 Loeffler.<\/p>\n<div data-testid=\"GenericCallout\">\n<figure>\n<p><span><picture><\/picture><\/span><\/p>\n<p><span><\/p>\n<p>&#8220;La primera computadora biol\u00f3gica del mundo con c\u00f3digo desplegable&#8221;, seg\u00fan Cortical Labs.<\/p>\n<p> <\/span><span>FOTOGRAF\u00cdA CORTES\u00cdA DE CORTICAL LABS<\/span><\/p>\n<\/figure>\n<\/div>\n<div data-testid=\"GenericCallout\">\n<figure>\n<p><span><picture><\/picture><\/span><\/p>\n<p><span><\/p>\n<p>Cortical Labs aspira a convertirse en la Nvidia de la computaci\u00f3n neuronal.<\/p>\n<p> <\/span><span>FOTOGRAF\u00cdA CORTES\u00cdA DE CORTICAL LABS<\/span><\/p>\n<\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n<div data-journey-hook=\"grid-wrapper\" data-testid=\"BodyWrapper\">\n<p>El programa <em>Pong<\/em> viene preinstalado en Cortical Cloud, como un paquete de c\u00f3digo Python f\u00e1cil de implementar. Cuando somet\u00ed a las neuronas australianas a una sesi\u00f3n de dos horas, observ\u00e9 en tiempo real c\u00f3mo su desempe\u00f1o mejoraba de forma progresiva. Al final, su intercambio m\u00e1s largo fue de 10 golpes precisos, lo que supera con creces mi juego de tenis. Fue impresionante, pero ahora las neuronas est\u00e1n subiendo de nivel.<\/p>\n<p>Para empezar, han aprendido a jugar <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=yRV8fSw6HaE\" target=\"_blank\"><em>Doom<\/em><\/a>.<\/p>\n<h2>Neuronas y conciencia<\/h2>\n<p>Cuando me propuse escribir este art\u00edculo, estaba segura de que tratar\u00eda sobre la conciencia: ese momento inquietante en el que un trocito de carne del tama\u00f1o de un cuarto de cacahuate se ilumina con el autoconocimiento, y lo que ese precipicio significa para los investigadores responsables. Me imaginaba largas noches oscuras de la c\u00e9lula y peque\u00f1os funerales para las neuronas agotadas. Lo que descubr\u00ed, sin embargo, fue que casi todos los cient\u00edficos que cultivan organoides consideran la cuesti\u00f3n de la conciencia una distracci\u00f3n.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda se irrita cuando se les pregunta. Se\u00f1alan a los propios organoides (peque\u00f1as bolitas que flotan en una soluci\u00f3n l\u00edquida como gotas de aceite de oliva en vinagre) como diciendo: \u201c\u00a1Por favor!\u201d. \u201cLa conciencia es algo tan cualitativo\u201d, se quej\u00f3 Annie Kathuria, investigadora de organoides, cuando visit\u00e9 su laboratorio en la Universidad Johns Hopkins. \u201c\u00bfC\u00f3mo se supone que voy a medir algo cualitativo en un tejido que flota en una placa de Petri? Alguien tiene que definirlo. Eso es lo que le digo a todo el mundo: def\u00edneme qu\u00e9 es la conciencia, en t\u00e9rminos cuantitativos\u201d.<\/p>\n<p>La petici\u00f3n es ret\u00f3rica, por supuesto. Los seres humanos llevan intentando definir la conciencia desde los tiempos de Plat\u00f3n y nadie se ha acercado siquiera a concretar la idea general, y mucho menos a elaborar una lista de par\u00e1metros cuantitativos. Pero refleja una fuerte tendencia en los laboratorios de biolog\u00eda a querer centrarse en lo pr\u00e1ctico, m\u00e1s que en lo filos\u00f3fico. Cuando habl\u00e9 con Kathuria, ella daba sorbos a un t\u00e9 Venti de Starbucks. Miraba de vez en cuando la pizarra que ten\u00eda detr\u00e1s de m\u00ed, cubierta por una lista de docenas de pruebas de detecci\u00f3n de f\u00e1rmacos de las que su laboratorio se encargaba. Definir la naturaleza de la mente era lo \u00faltimo en lo que pensaba.<\/p>\n<p>Esa es una tarea para los fil\u00f3sofos. Publicar art\u00edculos sobre los casos l\u00edmite de la sintiencia se ha convertido en una especie de industria artesanal en la filosof\u00eda contempor\u00e1nea. \u00bfTienen los zombis estatus moral? \u00bfDeber\u00edan los robots tener derechos? \u00bfC\u00f3mo es ser un murci\u00e9lago? \u00bfEs sensible un organoide? Las opiniones var\u00edan. Al fil\u00f3sofo Tim Bayne le preocupa que los organoides, aislados en sus placas de Petri, puedan convertirse en \u201cislas de conciencia\u201d. Jonathan Birch, profesor de filosof\u00eda en la London School of Economics, cree que estaremos en problemas si alguna vez a los organoides les crece un tronco cerebral, que, seg\u00fan \u00e9l, funciona como un \u201ccable de alimentaci\u00f3n\u201d para la conciencia.<\/p>\n<p>Otros sugieren umbrales basados en el n\u00famero de neuronas o en el tama\u00f1o del organoide. Pero los umbrales tambi\u00e9n son dif\u00edciles de fijar. \u201cNo se puede establecer una frontera moral s\u00f3lida bas\u00e1ndose \u00fanicamente en una cifra\u201d, explic\u00f3 John Evans, soci\u00f3logo de la UCSD. \u201cSe podr\u00eda definir: \u2018No se puede cultivar nada que supere los 4 mil\u00edmetros\u2019. Bueno, \u00bfy qu\u00e9 hay de 5 mil\u00edmetros? No hay ninguna distinci\u00f3n moralmente relevante entre ambos\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div data-journey-hook=\"grid-wrapper\" data-testid=\"BodyWrapper\">\n<p>Por suerte, los organoides no pueden crecer mucho m\u00e1s all\u00e1 de los 5 mil\u00edmetros de todos modos. Una vez que alcanzan un determinado tama\u00f1o, al carecer de un sistema vascular que bombee ox\u00edgeno y elimine los residuos metab\u00f3licos, desarrollan un \u201cn\u00facleo necr\u00f3tico\u201d y se asfixian. Esto ha establecido un l\u00edmite m\u00e1ximo para el debate sobre los organoides, pero no se mantendr\u00e1 mucho m\u00e1s tiempo. En la Universidad Johns Hopkins, el nanotecn\u00f3logo David Gracias est\u00e1 desarrollando arterias artificiales biomim\u00e9ticas; al otro lado de la ciudad, en la Facultad de Medicina, Kathuria crea redes rudimentarias de vasos sangu\u00edneos a partir de organoides endoteliales. Los investigadores est\u00e1n consiguiendo mantener los organoides vivos durante periodos cada vez m\u00e1s prolongados. El r\u00e9cord de Muotri, de tres a\u00f1os, podr\u00eda haber sido m\u00e1s largo si alguien de su laboratorio no hubiera dejado caer la placa de cultivo.<\/p>\n<h2>Inteligencia organoide<\/h2>\n<p>\u201cEl objetivo es conseguir un organoide cerebral de un cent\u00edmetro\u201d, expres\u00f3 Thomas Hartung mientras me mostraba el Centro de Alternativas a los Ensayos con Animales (CAAT) de la Universidad Johns Hopkins, donde est\u00e1 experimentando con nuevos sistemas de perfusi\u00f3n para sortear el problema de la falta de riego sangu\u00edneo. Un cent\u00edmetro equivale aproximadamente al tama\u00f1o del cerebro de un rat\u00f3n (&#8220;algo completamente diferente&#8221;, indic\u00f3 Hartung) en comparaci\u00f3n con los organoides de 500 micr\u00f3metros a los que est\u00e1 acostumbrado.<\/p>\n<p>Hartung, un toxic\u00f3logo nacido en Alemania, lleva m\u00e1s de una d\u00e9cada trabajando con organoides. Es la viva imagen de un cient\u00edfico afable. Cuando nos conocimos, luc\u00eda un c\u00e1rdigan de gran tama\u00f1o y un collar hecho por su hija de nueve a\u00f1os. Su esposa, Lena Smirnova, es neurotoxic\u00f3loga y dirige un laboratorio en el CAAT. Mientras que Hartung es de complexi\u00f3n robusta y tiene un aire paternal, con ese acento teut\u00f3nico arrastrado propio de un Werner Herzog relajado, Smirnova es peque\u00f1a y tiene modales meticulosos. Esta extra\u00f1a pareja parece funcionar bien. Cuando le pregunt\u00e9 a Smirnova si alguna vez crear\u00eda un organoide a partir de sus propias c\u00e9lulas, se ri\u00f3 tan bruscamente que son\u00f3 como un ladrido. \u201cEn realidad, esto es algo entre nosotros dos\u201d, dijo Hartung, con aire avergonzado. \u00c9l le hab\u00eda ofrecido algunas de sus c\u00e9lulas madre, como gesto de amor, y ella, hasta ahora, se ha negado a hacer algo con ellas.<\/p>\n<p>Hartung y Smirnova son figuras destacadas en la investigaci\u00f3n sobre organoides y han defendido p\u00fablicamente la idea de que los organoides revolucionar\u00e1n la inform\u00e1tica. En 2023, tras organizar una comunidad acad\u00e9mica internacional, publicaron una llamativa \u201c<a data-offer-url=\"https:\/\/www.frontiersin.org\/journals\/science\/articles\/10.3389\/fsci.2023.1017235\/full\" data-event-click=\"{&quot;element&quot;:&quot;ExternalLink&quot;,&quot;outgoingURL&quot;:&quot;https:\/\/www.frontiersin.org\/journals\/science\/articles\/10.3389\/fsci.2023.1017235\/full&quot;}\" href=\"https:\/\/www.frontiersin.org\/journals\/science\/articles\/10.3389\/fsci.2023.1017235\/full\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">Declaraci\u00f3n<\/a>\u201d sobre un campo al que bautizaron como \u201cinteligencia organoide\u201d (OI, por sus siglas en ingl\u00e9s). Sin embargo, durante mi visita, los organoides del laboratorio del CAAT no estaban realizando muchos c\u00e1lculos. En su mayor\u00eda, se les estaban administrando metales pesados. La OI es una idea de moda y ha atra\u00eddo mucha atenci\u00f3n medi\u00e1tica. Pero, en la pr\u00e1ctica, es un objetivo a largo plazo. Por ahora, los organoides siguen siendo lo que siempre han sido: ratas de laboratorio glorificadas.<\/p>\n<p>Casi todos los investigadores de organoides con los que me reun\u00ed para escribir este art\u00edculo me comentaron lo mismo: que en los ensayos cl\u00ednicos con humanos la tasa de fracaso de los f\u00e1rmacos neuropsiqui\u00e1tricos ronda el 95%. El proceso de desarrollo de nuevos medicamentos para enfermedades como la depresi\u00f3n, el Alzheimer y la epilepsia es largo y, a menudo, infructuoso. Esto se debe a que los f\u00e1rmacos suelen probarse en animales, no en personas, y los ensayos con animales nunca han sido el modelo fisiol\u00f3gicamente m\u00e1s pertinente para predecir la eficacia de los f\u00e1rmacos; simplemente han sido la opci\u00f3n m\u00e1s pr\u00e1ctica. Los organoides han cambiado esa ecuaci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n<div data-journey-hook=\"grid-wrapper\" data-testid=\"BodyWrapper\">\n<p>\u201cPiensa en los primates no humanos, que son el modelo m\u00e1s cercano a nosotros: esos monos con electrodos en la cabeza\u201d, dijo Hartung. &#8220;En el mejor de los casos, tienes un grupo de cinco o seis monos sentados ah\u00ed someti\u00e9ndose a los experimentos. Nosotros estamos produciendo, en una sola placa de seis pocillos, hasta 4,000 organoides cerebrales\u00bb. En este contexto, la OI no es tanto un fin como un medio. Un organoide entrenado para jugar <em>Pong<\/em>, por ejemplo, es un sujeto de prueba perfecto para estudiar c\u00f3mo afectan los f\u00e1rmacos al aprendizaje y a la memoria.<\/p>\n<p>En su despacho, Hartung me mostr\u00f3 un sencillo videojuego en el que est\u00e1 trabajando su equipo: un juego de plataformas con diversos obst\u00e1culos que los organoides cerebrales deben \u201csaltar\u201d. La idea es entrenar a los organoides para que respondan a se\u00f1ales el\u00e9ctricas que representan esos obst\u00e1culos. Una vez que hayan aprendido esta tarea, Hartung podr\u00e1 plantearse preguntas como: \u00bfDurante cu\u00e1nto tiempo recuerdan los organoides cerebrales cu\u00e1ndo deben \u201csaltar\u201d? \u00bfQu\u00e9 efecto tienen los f\u00e1rmacos contra el <a href=\"https:\/\/es.wired.com\/articulos\/el-alzheimer-presenta-signos-detectables-incluso-10-anos-antes-de-manifestarse\">Alzheimer<\/a> en la intensidad y la duraci\u00f3n de esos recuerdos?<\/p>\n<h2>Un gran pastel<\/h2>\n<p>Debajo de su escritorio, Hartung guarda una caja de cart\u00f3n llena de botellas de vino tinto, que me sugiri\u00f3 que abri\u00e9ramos dos veces antes de que me marchara. Cree que las mejores conversaciones tienen lugar despu\u00e9s de las 17:00 h, y se pag\u00f3 sus estudios de posgrado, all\u00e1 en Alemania, haciendo mon\u00f3logos de comedia (compara su estilo c\u00f3mico con el de Bill Maher). Los a\u00f1os de actuar le han dado un don para las relaciones p\u00fablicas.<\/p>\n<p>La inteligencia de los organoides es, ante todo, una buena estrategia de relaciones p\u00fablicas: un reclamo, con una marca bien gestionada, para atraer financiaci\u00f3n y talento en un campo a\u00fan por explorar. \u201cCreo que el pastel es demasiado grande para que se lo coma uno solo\u201d, manifest\u00f3, recost\u00e1ndose en su silla. \u201cLo que realmente importa es dar a conocer a la gente la oportunidad que ofrece este pastel para que, juntos, podamos disfrutar de un fest\u00edn. Intentar\u00e9 comerme mi porci\u00f3n lo antes posible, que es su aplicaci\u00f3n en el desarrollo de f\u00e1rmacos o en la identificaci\u00f3n de sustancias que influyen en las enfermedades cerebrales. Ese es mi negocio\u201d.<\/p>\n<p>El negocio est\u00e1 en auge. En julio de 2025, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) anunciaron que dejar\u00edan de conceder subvenciones a investigaciones que se basaran exclusivamente en ensayos con animales, promoviendo, en cambio, nuevas metodolog\u00edas de investigaci\u00f3n, como los organoides; en septiembre, los NIH anunciaron una inversi\u00f3n de 87 millones de d\u00f3lares para la construcci\u00f3n de un Centro de Modelizaci\u00f3n de Organoides Estandarizado. Afortunadamente para los NIH, ya que los organoides se crean de c\u00e9lulas madre pluripotentes inducidas de donantes adultos que han dado consentimiento, no despiertan la misma ira que suscit\u00f3 la investigaci\u00f3n con c\u00e9lulas madre embrionarias en los noventa. Y, a diferencia de las ratas de laboratorio o los primates, los ensayos con organoides no molestan a los defensores de los derechos de los animales.<\/p>\n<\/div>\n<div data-journey-hook=\"grid-wrapper\" data-testid=\"BodyWrapper\">\n<p>Estudios recientes sugieren que, en general, los organoides no inquietan demasiado a la poblaci\u00f3n. Cuando algunas personas plantean objeciones, no es porque esos grupos de c\u00e9lulas puedan alcanzar alg\u00fan d\u00eda una sintiencia comparable a la humana, sino porque resultan inquietantes. Desdibujan la frontera entre persona y cosa, una distinci\u00f3n tan fundamental y transcultural como las que separan a los humanos de los animales o a los vivos de los muertos.<\/p>\n<p>En 2017, dos neurocient\u00edficos del University College de Londres extrajeron una peque\u00f1a muestra de c\u00e9lulas cut\u00e1neas del brazo del periodista cient\u00edfico Philip Ball y las transformaron en un organoide cerebral. Ocho meses despu\u00e9s, al contemplar su creaci\u00f3n bajo el microscopio, Ball sinti\u00f3 un \u201cescalofr\u00edo inquietante\u201d ante la idea de que ese tejido vivo, formado a partir de su propia carne como Eva a partir de la costilla de Ad\u00e1n, lat\u00eda con las mismas se\u00f1ales el\u00e9ctricas que animaban su propio cerebro. Aunque su estructura era comparativamente primitiva, las neuronas del organoide de Ball se comunicaban entre s\u00ed. \u201cNo son &#8216;pensamientos&#8217;\u201d, se dijo a s\u00ed mismo. \u201cPero son la materia de la que est\u00e1n hechos los pensamientos\u201d.<\/p>\n<p>Inducidas a convertirse en un minicerebro, las c\u00e9lulas de Ball cambiaron de categor\u00eda ontol\u00f3gica. Nadie pod\u00eda negar que segu\u00edan vivas, pero ya no era la vida de Ball la que viv\u00edan. Como observa Ball en su libro <a href=\"https:\/\/press.uchicago.edu\/ucp\/books\/book\/chicago\/H\/bo42268455.html\" target=\"_blank\"><em>C\u00f3mo cultivar un ser humano<\/em><\/a>, se supone que la vida es un viaje de ida: el espermatozoide fecunda el \u00f3vulo, el \u00f3vulo se convierte en cigoto y, a partir de esta \u00fanica c\u00e9lula, surgen los billones de facetas que nos conforman. Esto \u201cparece conceptualmente sencillo, siempre y cuando podamos considerarlo en todo momento como un organismo coherente, delimitado y con una historia \u00fanica\u201d, escribe Ball. \u201cPero si puedes extraer una peque\u00f1a parte de esa masa de c\u00e9lulas, rebobinar la cinta y empezar de nuevo, entonces esta unidad empieza a disolverse\u201d. Mantenidas a temperatura adecuada y bien alimentadas en una placa de Petri, nuestras c\u00e9lulas siguen su curso felizmente sin nosotros. \u00bfSiguen siendo nuestras?<\/p>\n<div data-testid=\"GenericCallout\">\n<figure>\n<p><span><picture><\/picture><\/span><\/p>\n<p><span><\/p>\n<p>Microfotograf\u00edas de cultivos neuronales conectados.<\/p>\n<p> <\/span><\/p>\n<\/figure>\n<figure>\n<p><span><picture><\/picture><\/span><\/p>\n<\/figure>\n<figure>\n<p><span><picture><\/picture><\/span><\/p>\n<\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n<div data-journey-hook=\"grid-wrapper\" data-testid=\"BodyWrapper\">\n<p>En alg\u00fan punto entre los pocos millones de neuronas de un organoide cerebral y los miles de millones m\u00e1s que conforman nuestras mentes, surge la individualidad (y absolutamente nadie sabe cu\u00e1ndo). Me recuerda a algo que el enigm\u00e1tico escritor de ciencia ficci\u00f3n Ted Chiang se\u00f1al\u00f3 en una <a data-offer-url=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2021\/03\/30\/podcasts\/ezra-klein-podcast-ted-chiang-transcript.html\" data-event-click=\"{&quot;element&quot;:&quot;ExternalLink&quot;,&quot;outgoingURL&quot;:&quot;https:\/\/www.nytimes.com\/2021\/03\/30\/podcasts\/ezra-klein-podcast-ted-chiang-transcript.html&quot;}\" href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2021\/03\/30\/podcasts\/ezra-klein-podcast-ted-chiang-transcript.html\" rel=\"nofollow noopener\" target=\"_blank\">entrevista de 2021<\/a>. \u201cEl sufrimiento precede a la capacidad moral en la escala del desarrollo\u201d, sentenci\u00f3. \u201cEn el proceso de desarrollar m\u00e1quinas que sean agentes conscientes y morales, crearemos inevitablemente miles de millones de entidades capaces de sufrir. E inevitablemente, les infligiremos sufrimiento\u201d.<\/p>\n<p>Chiang se refer\u00eda a la IA, pero su argumento sigue siendo v\u00e1lido. Al fin y al cabo, a medida que mejoren las interfaces digitales entre el &#8220;<em>wetware<\/em>&#8221; neuronal y el <em>hardware<\/em> de silicio, nos resultar\u00e1 m\u00e1s dif\u00edcil diferenciar entre ambos, y es razonable imaginar que los esfuerzos por dise\u00f1ar y estandarizar la inteligencia biol\u00f3gica influir\u00e1n en el dise\u00f1o de los futuros sistemas de IA. Pero lo que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n, al visitar un laboratorio de cultivos celulares tras otro, es la forma en que sus prioridades eran el reverso de las del sector de la IA.<\/p>\n<p>Para los expertos en IA, la inteligencia artificial general parece alcanzable, incluso inevitable. \u201cCreen percibir la llegada de la la IA general\u201d. En parte se trata de exageraci\u00f3n; en parte, de una disposici\u00f3n a considerar la inteligencia por lo que hace, en lugar de por lo que es. \u201cSi grazna como un pato, es un pato\u201d, argument\u00f3 John Evans, soci\u00f3logo de la UCSD. \u201cLa gente de Silicon Valley es muy pragm\u00e1tica. Si la IA es capaz de hacer lo que hace un ser humano con conciencia, lo llamar\u00e1n conciencia\u201d.<\/p>\n<p>Los bi\u00f3logos que trabajan con cultivos neuronales, sin embargo, son mucho menos propensos a utilizar ese t\u00e9rmino sin un sinf\u00edn de matizaciones minuciosas. Estos bi\u00f3logos cultivan la materia prima de la mente cada d\u00eda; se encuentran en una posici\u00f3n privilegiada para comprender lo colosalmente compleja que es en realidad. A medida que la biolog\u00eda y la IA convergen, el choque cultural entre estas visiones del mundo promete ser estimulante.<\/p>\n<p>Por ahora, parece que en la carrera hacia las m\u00e1quinas conscientes habr\u00e1 dos v\u00edas. La primera estar\u00e1 pavimentada con minerales de tierras raras y silicio y obligar\u00e1, con un enorme costo financiero y energ\u00e9tico, a modelar el cerebro de arriba abajo mediante redes neuronales artificiales. Aunque hay muchas cosas que estos sistemas pueden hacer bien, nunca ser\u00e1n cerebros. Nada forjado a partir del silicio podr\u00eda serlo jam\u00e1s. Como dijo Brett Kagan, de Cortical Labs: \u201c\u00bfC\u00f3mo se puede tener un sistema verdaderamente adaptable y flexible en un sustrato inflexible?\u201d.<\/p>\n<p>Eso nos deja el otro camino. Hay que reconocer que esa ruta ser\u00e1 resbaladiza y sinuosa, pues los sistemas biol\u00f3gicos, como todos los seres vivos, se ir\u00e1n adaptando a medida que avancen. Puede que no sea la ruta m\u00e1s directa, pero en la historia evolutiva de la vida en la Tierra, es lo \u00fanico que ha conducido hasta ahora a la inteligencia.<\/p>\n<\/div>\n<div data-journey-hook=\"grid-wrapper\" data-testid=\"BodyWrapper\">\n<p>As\u00ed que apuesto por las neuronas. Tom\u00e9 esa decisi\u00f3n en aquella extra\u00f1a biblioteca de San Diego, que parec\u00eda una nave nodriza, cuando vi aquellos axones tendi\u00e9ndose unos hacia otros a trav\u00e9s del vac\u00edo. Algo en la inocencia de su esfuerzo me conmovi\u00f3. Al fin y al cabo, mis c\u00e9lulas y las tuyas llevan haciendo lo mismo desde el d\u00eda en que nacimos. Intentando conectarse. Y hay algo con lo que podemos contar \u2014m\u00e1s all\u00e1 del auge y la ca\u00edda del silicio\u2014: que nunca van a dejar de hacerlo.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo originalmente publicado en<\/em> <a href=\"https:\/\/www.wired.com\/story\/organoids-lab-grown-brains-neural-networks\/\">WIRED.com<\/a><em>. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/es.wired.com\/articulos\/bienvenidos-a-la-era-de-la-computacion-hecha-con-cerebros-de-verdad\">Art\u00edculo original<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muotri es un hombre brasile\u00f1o apuesto, con el bronceado de un surfista y el perfil aquilino de un personaje de una antigua moneda romana. 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