Es lo más parecido que vas a encontrar nunca a un juego de PlayStation 3, pero demuestra que viajar al pasado a veces tiene un precio
Con una exploración y diseño de escenarios que también recuerda a Metroid Prime, las diferencias empiezan a acumularse al mencionar la jugabilidad. Elta: Defy All Gods puede considerarse un brawler. Los enemigos se presentan en grandes cantidades y nuestra principal arma serán los puños. Al principio el combate es bastante sencillo y solo incluye ataques ligeros, pesados y esquivas. Sin embargo, a lo largo de los 45 minutos que dura la demo ya se dejan ver unas cuantas mecánicas añadidas. El gancho se puede utilizar para acercarse a los enemigos o quitarles el escudo, el contraataque perfecto rompe la armadura y hasta podemos dar patadas voladoras para tirar a los oponentes al suelo.
El juego también cuenta con un sistema de magias. Al golpear a los enemigos acumulamos energía que podemos utilizar para llevar a cabo un ataque devastador con diferentes efectos y poderes elementales. Los iremos desbloqueando a base de subir de nivel y explorar el escenario, pudiendo crear combinaciones como un tornado de fuego que hace daño por segundo y mantiene a los enemigos en el aire. La única pega en cuanto al combate tiene que ver con la claridad, ya que los ataques enemigos no son particularmente fáciles de leer. También vendría bien algo más de dificultad para que realmente hubiera que usar todas las mecánicas que tiene el juego.
Si hay algo que distingue a Elta es su apartado artístico. Al mismo tiempo que los personajes y las estructuras tienen siluetas bien definidas, están pintados con acuarelas. Es fácil ver las pinceladas con las que se colorearon los escenarios o la armadura del protagonista. No voy a fingir que soy un experto en esta técnica, pero la mezcla de trazos pequeños y detallados con grandes brochazos le da un toque único y mucho poder visual al conjunto. Mi detallado análisis técnico es que es uno de esos juegos en los que mola pararse dos segundos para apreciar los escenarios cada vez que llegas a una nueva zona.
Cuando un compañero me preguntó qué tal estaba el juego, me dejó un poco descolocado. No puedo evitar ver algunos de sus problemas, porque lo de tener una pantalla de carga después de guardar partida en pleno 2026 es para ponerse a bailar. Al mismo tiempo, sin embargo, es uno de esos títulos donde funcionan las cosas que tienen que funcionar. Sin ser el mejor juego de su género, te dan ganas de seguir peleando, escaneando máquinas y descubriendo habilidades. Funciona de un modo casi primitivo que quizá hace unos meses no hubiéramos sabido explicar. Ahora, tras Pragmata, es más fácil. “Hostias, es que así funcionaban las cosas antes”.
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