Una tumba etrusca con eco de catedral: la muerte hace 2.500 años era una experiencia inmersiva
En la tumba del Gallo el eco dura entre 1 y 1,5 segundos en la mayoría de frecuencias, mientras que en la de los Demonios llega hasta 7,5 segundos en sonidos graves. Con la ayuda de la IA propusieron que, en esta última, el visitante pasaba de la calma al susto ante el demonio y después a un estado como de trance en el fondo.
Por qué importa. Cabe recordar que todas las tumbas pintadas de los etruscos fueron saqueados, de modo que según los autores del estudio, lo que creemos saber de sus rituales procede de la iconografía y de objetos sueltos. Este nuevo enfoque que tiene en cuenta las condiciones físicas del espacio (como el eco, la oscuridad o la estrechez), permite estudiar cómo se vivían estas ceremonias más allá de las pinturas. El paper sugiere que cada tumba se diseñó de forma distinta, a medida.
Para los etruscos el sonido era importantísimo. Un dato relevante para entender mejor el por qué es que la civilización etrusca daba mucha importancia al sonido. Así, había un calendario ligado a los truenos, el calendario brontoscópico, que usaban para tratar de predecir el futuro. Además, la música es el segundo motivo más frecuente en las pinturas funerarias. De hecho, ya en 2021 Ortoleva publicó que en la Tomba dell’Orco los sonidos graves, como tambores o cantos, generan reverberaciones largas que podían asociarse al retumbar del trueno.
Las conclusiones son solo una hipótesis sólida y bien documentada de lo que sentiría alguien al entrar en esas dos tumbas, pero ni han hecho mediciones a las ondas cerebrales ni han hecho pruebas en más tumbas para demostrar que efectivamente, quienes las construyeron buscaban ese efecto deliberadamente. Además y como los autores explican, las palmadas empleadas pueden ser poco fiables en sonidos muy graves (por debajo de 250–300 Hz).
En Xataka | Resolviendo el misterioso origen de los etruscos: lo que sabemos del pueblo con más incógnitas de Europa
Portada | Maurizio Forte & Jacqueline K. Ortoleva
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