“Si necesito llamar a Apple, llamaré a Apple”: Elon Musk intentó saltarse las normas. No salió bien
Twitter Blue y ocho dólares al mes
Las suscripciones estaban en los planes de Elon Musk desde el principio y rebautizó la idea como Twitter Blue. La insignia azul pasaba a estar disponible para cualquiera dispuesto a pagar una cuota mensual. El mismo check que ya tenían famosos y cargos públicos.
La idea servía para varias cosas a la vez: solo se permitiría una cuenta verificada por cada tarjeta y teléfono para frenar a los ejércitos de bots, generaría una fuente de ingresos nueva y metería los datos de la tarjeta de cada usuario en el sistema, con la vista puesta en convertir algún día Twitter en una plataforma de pagos.
Elon Musk lo quería listo para el lunes 7 de noviembre y el responsable de moderación presentó un informe de siete páginas con los peligros del invento. Elon lo entendió y aceptó dos días de margen. Reunió a los ingenieros para avisarles de que iba a haber “un ataque masivo” y una “guerra mundial por las insignias azules”.
El problema es que él mismo había despedido al 50% de la plantilla y al 80% de los contratistas externos que revisaban a los usuarios. Así que la parte humana del sistema estaba bastante desmantelada. El lanzamiento llegó el miércoles 9 de noviembre y la avalancha de cuentas falsas con check fue todo lo mala que se temían.
Una que se hacía pasar por una marca farmacéutica y tuiteó que la insulina pasaba a ser gratis. Otra que imitaba a Coca-Cola prometió volver a poner cocaína en la bebida si el mensaje llegaba a mil retuits. Un impostor de Nintendo mostró a Mario haciendo una peineta. Al día siguiente, Elon Musk suspendió el experimento durante unas semanas.
Había otro problema y era con Apple
En medio del incendio, el responsable de moderación de Twitter se dio cuenta de que Twitter Blue tenía otro problema más gordo todavía: Apple. El plan de Elon Musk era que los usuarios se dieran de alta desde la app en el iPhone, que Twitter cobrara los ocho dólares y que además recibiera de Apple los datos del usuario, con su nombre, tarjeta de crédito y toda la información. Pero nadie se había molestado en comprobar si Apple iba a compartir esa información.
Apple tenía una política inquebrantable sobre las apps: se quedaba el 30% de cualquier pago hecho en una aplicación y no compartía datos de los usuarios. Esto no cayó muy bien a Elon Musk. Él conocía las políticas de Apple, pero daba por hecho que Twitter podía sortearlas.
Si necesito llamar a Apple, llamaré a Apple. Llamaré a Tim Cook, si hace falta.
Aquella conversación fue la gota que colmó el vaso para el responsable de moderación de Twitter. Mientras Musk daba una reunión a la plantilla en el café de la planta nueve, él escribía su carta de dimisión en la diez.
Un tuit y una visita a Cupertino
A finales de noviembre, Elon Musk tuiteó que Apple casi había dejado de anunciarse en Twitter y preguntó si odiaban la libertad de expresión en Estados Unidos. Esa misma tarde habló por teléfono con Larry Ellison, quien había sido mentor de Steve Jobs y le dio un consejo: no te pelees con Apple. Era la única compañía con la que Twitter no podía permitirse chocar, porque era un anunciante importante y porque la red social no sobreviviría sin estar en la App Store.
Un amigo común le dijo a Elon Musk que Tim Cook no quería ninguna trifulca y Elon Musk pensó que él tampoco. Así que decidió ir a verle a la sede de Apple, con la excusa añadida de que le habían dicho que el edificio era increíble. Le escribió directamente por correo, quedaron un miércoles y los empleados de Apple vieron llegar a alguien que parecía llevar semanas sin dormir bien.
La reunión duró algo más de una hora, a solas en el despacho de Tim Cook, quien arrancó la charla con batallitas de la cadena de suministro. Elon Musk asegura en el libro que muy pocas personas lo habrían hecho mejor que Tim Cook.
Con la publicidad llegaron a una especie de tregua: Tim Cook le explicó que proteger la confianza en la marca era su prioridad y que Apple no quería sus anuncios junto a contenido tóxico, pero le prometió que no dejaba de anunciarse en Twitter ni pensaba sacarla de la App Store. Cuando Elon Musk sacó el asunto del 30%, Tim Cook le explicó que baja al 15% con el tiempo.
Tim Cook lo acompañó por el jardín de la sede, con sus albaricoqueros y su estanque. Elon Musk sacó su iPhone para grabar un vídeo. Nada más volver al coche tuiteó su agradecimiento a Tim Cook por enseñarle el edificio y añadió que habían resuelto el malentendido sobre la posible retirada de Twitter de la App Store, porque Cook le había dejado claro que Apple nunca se lo había planteado.
Una conversación aplazada y un precio distinto en el iPhone
Quedaba pendiente el asunto de los datos de compras y de clientes. Para Elon Musk era importante porque quería añadir servicios financieros de X.com a Twitter, y con Apple sin compartir esa información se complicaba mucho. La cuestión se estaba discutiendo entonces en los tribunales de Estados Unidos y ante los reguladores europeos. Por eso Elon Musk decidió no forzar en la reunión con Tim Cook. “Esa es una batalla futura que tendremos que librar, o al menos una conversación que Tim y yo tendremos que tener”.
La comisión siguió ahí. Twitter Blue volvió en diciembre de 2022 con un precio de ocho dólares en la web y once en iPhone y iPad. Esa diferencia era para compensar la comisión de Apple.
Desde entonces, las reglas de pago de la App Store se han ido moviendo en Estados Unidos y en Europa, donde ya es posible pagar por fuera. Batalla que dejó apuntada Elon Musk para un futuro y que todavía no ha llegado. Ahora tendrá que negociar con John Ternus si quiere algún cambio de ese tipo.
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