La evolución de nuestros ojos esconde un giro de guion: la ciencia apunta a un “gusano cíclope” de hace 600 millones de años
Un cíclope. La investigación, publicada recientemente en la prestigiosa revista Current Biology, propone un cambio de paradigma brutal. Liderado por científicos de la Universidad de Lund, el equipo ha demostrado que la retina de los vertebrados modernos no evolucionó desde cero a partir de dos precursores laterales independientes. La realidad es mucho más extraña, porque ahora se apunta a que evolucionamos gracias a la reutilización de un ojo mediano ancestral.
Su origen. Para encontrar a este antepasado, nos tenemos que remontar a hace aproximadamente 600 millones de años, en los albores de la vida compleja en los océanos precámbricos, donde nuestro ancestro común poseía un sistema visual centralizado. Era, a todos los efectos, una criatura con un solo ojo central como si de un cíclope se tratara.
Según explica la nota de prensa de la Universidad de Lund, este “origen impactante” revela que las bases genéticas, celulares y ópticas de nuestros ojos actuales se forjaron originalmente en esta única estructura fotorreceptora.
Su evolución. Para entender la magnitud de este descubrimiento, hay que mirar a lo que ya sabíamos sobre la neurociencia evolutiva. Los estudios previos apuntaban a que la retina es, en esencia, una extensión directa de nuestro cerebro. Se trata de un tejido neuronal repleto de receptores y opsinas, que son proteínas que capturan fotones de luz, que el cerebro “empujó” hacia afuera durante el desarrollo embrionario.
Lo que aporta el nuevo estudio de 2026 es el eslabón arquitectónico definitivo, puesto que, a medida que los primeros vertebrados evolucionaron, necesitaban un campo visual más amplio y visión estereoscópica para calcular distancias, algo crucial para cazar y no ser cazados. La evolución, actuando como un ingeniero pragmático, tomó parte de ese ojo central original y lo dividió, migrando esas estructuras hacia los laterales del cráneo para formar nuestros dos ojos.
Un recuerdo. ¿Qué pasó con el ojo central original? No desapareció por completo. Sus restos siguen vivos en tu cabeza, puesto que es el origen de la glándula pineal. De hecho, en algunos reptiles y anfibios modernos, esta glándula sigue funcionando literalmente como un “tercer ojo” primitivo situado en la parte superior del cráneo, sensible a la luz, que utilizan para regular sus ciclos circadianos.
Un largo proceso. Este hallazgo cierra un círculo perfecto con las teorías del gran biólogo visual Dan-E. Nilsson. En sus trabajos de referencia de 2009 y 2013, Nilsson demostró matemática y biológicamente cómo la evolución del ojo no requiere saltos milagrosos. Nilsson estableció los pasos clave: primero, la aparición de fotopigmentos; luego, el plegamiento de la membrana para crear una “copa”; y finalmente, el desarrollo de una óptica de enfoque (el cristalino).
El nuevo estudio suma la pieza que faltaba al rompecabezas, puesto que demuestra que el “relojero ciego” de la evolución no inventa cosas nuevas si puede reciclar las viejas. La naturaleza cogió el diseño de un ojo central prehistórico, lo dividió, lo conectó a unos hemisferios cerebrales en plena expansión y lo fue perfeccionando lentamente hasta lograr que a día de hoy podamos leer sin problemas.
Imágenes | Vintage Laka
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