Resulta que en Francia hay una carretera que el Atlántico inunda dos veces al día. Al cruzarla, te juegas un rescate
Pasar o no pasar, he ahí la cuestión. Las recomendaciones de paso de la oficina de turismo local son como para pensárselo dos veces antes de cruzar: si el coeficiente de la marea es alto, tienes 90 minutos antes y después de la bajamar. Cuando el coeficiente es bajo, el margen se reduce tanto que se recomienda cruzar solo en el momento exacto de la bajamar. Si mides mal, te la juegas: cuatro kilómetros pueden ser fatales.
La buena noticia es que desde el siglo XIX hay nueve balizas de seguridad donde puedes dejar el coche y esperar a que baje la marea o lleguen los servicios de emergencia. Spoiler: todos los años hay coches que acaban mal. Todo está señalizado, pero las autoridades se han encontrado con otro enemigo inesperado: el GPS, que no indica las mareas bajas ni las condiciones meteorológicas. Mucho cuidado si eres de esas personas que sigue lo que dice el Google Maps de turno a rajatabla.
Los movimientos de las mareas en el Passage du Gois. Service Hydrographique et Océanographique de la Marine
Por qué hacer una carretera ahí. Respuesta corta: porque la puso la naturaleza. Respuesta no tan corto: el origen del Passage du Gois es geológico: se formó por la convergencia de dos corrientes opuestas, una del noroeste influenciada por el estuario del Loira y otra del sur influenciada por el Atlántico. Ambas se encuentran en la isla y allí se realentizan, produciendo un fenómeno conocido como wantij, es decir, la deposición de partículas en ese punto de colisión de las corrientes, lo que provoca que el lecho marino se eleve hasta formar ese dorso natural sobre el que se plantó la calzada.
Construirla no fue fácil ni rápido. La pavimentación de la calzada duró cinco años, de 1935 a 1939, lo que suena a auténtica barbaridad pese a que tiene casi un siglo. La razón está en que las obras debían llevarse a cabo durante la bajamar, lo que limitó enormemente el tiempo de trabajo diario a dos franjas diarias en un periodo de unas dos horas. A partir de entonces, la vía ya era transitable para los vehículos sobre sus ya características losas de cemento. Desde entonces, varias secciones han sido objeto de diferentes pruebas de pavimentación que nunca han llegado a buen puerto.
Un futuro que pinta muy azul negro. La carretera inundable del Passage du Gois no es ni la primera ni la más larga, pero sí es una de las primeras candidatas a desaparecer en un futuro inmediato. Considerando las proyecciones de subidas del nivel del mar previstas por el IPCC del Grupo Intergubernamental de expertos sobre el cambio climático, será de entre 0,38 y 0,77 metros para 2100, con diferentes escenarios de emisiones a partir de 2050. Esto implica que calzadas como esta verán reducida su ventana operativa segura de forma progresiva, haciéndola cada vez más inviable y peligrosa.
Portada | Pinpin y Florian Pépellin
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