Suiza está excavando un foso de 27 metros de profundidad y más largo que dos campos de fútbol: todo para una batería gigante
No es una batería para todo. La propia lógica de una batería de flujo redox ayuda a entender sus límites: si necesita grandes tanques para almacenar energía, difícilmente será la mejor opción cuando el espacio y el peso mandan. Su menor densidad energética la hace menos adecuada para aplicaciones como los vehículos eléctricos. También es preciso señalar que las baterías de flujo de vanadio siguen en una etapa comercial más temprana y suelen ser más caras que las de ion-litio. Su promesa no está en sustituir a todas las baterías, sino en ocupar un hueco muy concreto: almacenamiento estacionario, duradero y de larga duración.
El calendario, por ahora, mira a 2029. FlexBase prevé poner en marcha la instalación ese año y espera generar alrededor de 300 empleos vinculados al futuro Laufenburg Technology Centre. La compañía plantea el proyecto como una iniciativa financiada de forma privada, con una inversión estimada entre 1.000 y 5.000 millones de francos suizos (entre 1.090 y 5.450 millones de euros). Si los plazos se cumplen, Laufenburg no solo alojará una enorme batería subterránea: también se convertirá en una de las apuestas más ambiciosas de Europa para guardar electricidad allí donde la red empieza a necesitarla.
Imágenes | FlexBase
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