Bill Gates dijo que el Mac “era el futuro de la informática”. Lo que Apple no vio venir es que Microsoft sería su verdadero enemigo
Bill Gates, con un pragmatismo que a veces faltaba en Cupertino, entendió antes que nadie el potencial de la interfaz gráfica. Apostó por el ratón y las ventanas cuando el resto del mundo seguía tecleando comandos en fósforo verde. Necesitaba que el Mac funcionara porque sus mejores productos vivían allí. De hecho, el mítico Excel debutó primero en Mac en 1985, antes de dar el salto a Windows.
El acuerdo que entregó la interfaz del Mac a Microsoft
La historia se complicó poco después. Tras la salida de Steve Jobs en 1985, John Sculley, intentando asegurar que Microsoft siguiera desarrollando software para la plataforma, firmó un acuerdo que definiría el futuro de ambas compañías. Le concedió a Microsoft una licencia “perpetua, mundial y libre de regalías” para usar elementos visuales del Mac en sus futuros sistemas.
Básicamente, Apple le entregó las llaves del diseño de interfaz a quien, solo un año antes, les regalaba los oídos. Lo que siguió fue una lenta agonía para Apple y un ascenso meteórico para su rival.
Apple intentó frenar la sangría en los tribunales, demandando a Microsoft en 1988 por copiar su “look and feel”. Pero la justicia, en 1994, rechazó la apelación final de Apple. Aquel papel firmado por Sculley blindaba a Microsoft.
Mientras los abogados de Apple perdían en los despachos, Microsoft ganaba en las tiendas. El lanzamiento de Windows 95 fue el golpe final: en solo un año vendieron 40 millones de copias, frente a los escasos 4,5 millones de Mac que Apple logró colocar en el mismo periodo. La diferencia era casi de 10 a 1.
Para 1996, Apple ya no era rival, sino una empresa “asediada” que acumulaba mil millones en pérdidas y despedía a 3.800 empleados. La compañía estaba a 90 días de la bancarrota.
Es imposible entender la Apple actual sin ese contexto de desesperación. Por eso es tan potente la imagen del Macworld de 1997, con un Steve Jobs recién regresado tragándose el orgullo para anunciar que Bill Gates invertía 150 millones de dólares para mantener a la compañía a flote.
Internet Explorer en Mac OS X como parte de ese acuerdo
Internet Explorer en Mac OS como parte de ese acuerdo
Sin esa inyección de capital, y sin el compromiso de Microsoft de mantener Office en Mac durante cinco años más (además de establecer Internet Explorer como navegador por defecto en Mac OS), hoy quizás no hablaríamos del iPhone, del iPad ni de los chips de la familia Apple Silicon.
Al final, Gates tenía razón en 1984: el Mac era el futuro. Lo paradójico es que fue Microsoft quien acabó financiando la supervivencia de ese futuro. A cambio, eso sí, de llevarse buena parte de la interfaz gráfica por el camino.
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