Ese largo suspiro tras una bronca en el trabajo no es falta de aire: es tu amígdala “hipertrofiada” reseteando tu cerebro
¿Por qué? Según explican los investigadores y divulgadores, en un estado de ansiedad la amígdala provoca una prolongación anormal de la pausa que hacemos justo después de exhalar el aire. Es una especie de “apnea inducida” o bloqueo respiratorio temporal. Y para compensar este desajuste y esa pausa que existe tras expulsar el aire, el cuerpo se reequilibra y se traduce físicamente en un suspiro profundo y largo.
De esta manera, no es que nos falte el aire cuando estamos estresados, sino que es la amígdala hiperactiva influyendo directamente en los patrones respiratorios relacionados con el estado de ánimo. Y esto es algo que de manera literal no se encuentra en un manual de neurología, pero que sí tiene una base científica importante para apuntar que una hiperactivación de la amígdala altera nuestra respiración.
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